27/08/10

Ya he manifestado en otras ocasiones lo poco que comparto la idea de interpretar el verano como una oportunidad para auto-flagelarse durante el periodo vacacional. No digo que algunas personas no se lo pasen bien calcinándose al tomar el sol, mostrando después una insana apariencia langostinil, e incluso hay gente que disfruta saliendo cada día y haciendo esas cosas que no haría normalmente si no estuviera de vacaciones. Ya son varias las personas que me han animado a esto, pero yo ya no sé cómo explicarlo. Cuando terminen las vacaciones no me voy a quedar sin poder salir con mis amigos cuando me apetezca, no me privaré de ir al cine de vez en cuando, voy a poder salir a la calle, y aunque tenga que trabajar (en mi caso, estudiar) voy a poder seguir pasándomelo bien.

En cambio,
¿Voy a poder pasar todos los días de la semana en mi casa? ¿Podré seguir pasándome todo el día estirado en la cama durmiendo? Exacto, no. Teniendo en cuenta este detalle, me parece absurdo que algunas personas se atrevan a decir que estoy desaprovechando el verano y que después me voy a arrepentir de, quién sabe, no haber ido a la playa o de haberme quedado en casa (afirmación estúpida, ya que además de no haber ocurrido nunca en mi caso, me parecería de lo más absurdo ver a una persona lamentándose por haberse tocado los huevos más de la cuenta y sin consecuencia alguna). Pero después de todo, hay gente que sigue sin entender mi forma de pensar y no se da cuenta del daño provocado cada vez que se me obliga a hacer una de esas cosas que normalmente no haría.


Normalmente no lo haría

Por eso temo cada vez que mi amigo gay me llama por teléfono o me manda un mensaje (generalmente interrumpiendo mi hora de dormir la siesta) preguntándome si quiero quedar con él. Y esa, amigos, es una pregunta con trampa; significa que si accedo voy a tener que seguirle a un montón de sitios (evitaré recordar el día en que me hizo entrar en un Bulevar Rosa y luego nos encontramos a Jordi González por la calle) y que me arrastrará por un montón de callejuelas desconocidas. Todo lo que no he visitado de Barcelona en mis dieciséis años de vida lo estoy visitando ahora, y puedo afirmar que mi vida era mucho más feliz en la ignorancia. Llegar a casa y que me duelan las piernas no es agradable, tampoco lo es el hecho de vagar por las calles muriéndome de sed (y sin tener un puñetero duro con el que comprar una mísera Coca-Cola) y temiendo por las agujetas que tendré al día siguiente.

Y así llevo casi todo el mes de Agosto, desaprovechando el verano saliendo a la calle y caminando sin destino y sin parar durante horas. No importa, al menos no me podrán reprochar nada. Ahora estoy haciendo cosas que normalmente no haré cuando terminen las vacaciones. Aunque digo yo: si son cosas que normalmente no hago... ¡Será por algo, coño!

Hasta hace prácticamente un año, me sentía una persona muy poco afortunada. Cada vez que me pasaba algo bueno me ocurría una desgracia para compensar. Esto se acentuaba cada vez que me compraba unas Converse, era automático: o me dejaba la novia o se me rompía el ordenador. El año pasado por estas fechas recuerdo que yo era una persona extremadamente pesimista (y no era para menos, que se me había estropeado el Mac) y que me pasaba las noches escribiendo lamentaciones en Twitter (desde la PS3, que por cierto, también se me ha roto) sobre lo patética que era mi vida, lo mal que me sentía conmigo mismo y todo lo demás. Yo mismo odiaba esa conducta, pero es lo que tenemos los jodidos adolescentes: tenemos más pavo que cuello tiene un rabo (quien lo quiera entender, que lo entienda).

Sin embargo, este año ha sido muy diferente. Recuerdo que empecé 2009 con todo el optimismo del mundo y que me llevé el chasco del siglo, pues bien, este año ha sido al revés. Lo que ocurre es que después de todo sigo siendo yo, y en consecuencia, mi suerte sigue siendo la misma. ¿Qué ocurre entonces? Que mi vida va dando bandazos constantemente, sin llegar nunca a decantarse por la buena o mala suerte. Sigue ocurriéndome lo mismo que antes, pero en esta ocasión se ha potenciado al máximo. Y si antes me ocurría algo bueno y después me llevaba un chasco, ahora mi vida balancea entre la potra más absoluta y el gafe más retorcido. Es difícil en estos casos poner aquí ejemplos reales (por desgracia eso me podría poner en más de un compromiso, y creo que ya he escarmentado bastante en ese aspecto).

Y en muchas ocasiones es difícil de digerir un golpe de suerte increíble si viene después de la mayor embestida testicular de la historia (o al revés), y la gente a la que le cuento las tremendas putadas que me ocurren me responden con cosas del estilo de "¿Y encima te quejas?", y no es que me queje, es que simplemente a veces no doy crédito. Es como si mi vida la escribiera un guionista de alguna absurda serie española en la que, o bien todo me va de coña y se desmorona de una forma tragicómica; o resulta que voy de culo pero después todo se arregla y termina de la forma más edulcorada posible. Algunos podéis pensar que es ley de vida, que estos contrastes son de lo más normal; pero a veces me ocurre cada cosa que realmente daría para escribir un libro (cosa que estoy haciendo, por cierto).

Hasta el momento, sólo me tenéis que recordar que no vuelva a escribir posts a las nueve de la mañana y en horario veraniego, nunca molan.

21/08/10

Hace muchos años ya que se estrenó en cines Harry Potter y la piedra filosofal, película basada en su libro homónimo. Resultó ser una entretenida y simpática película de fantasía, magia y aventuras, con sus toques de comedia y sus cuatro momentos de terror rancio infantil. La fórmula se repitió en Harry Potter y la cámara secreta, que incluso fui a verla al cine y no sé si fue por el buen recuerdo que guardo de ese día o porque me pareció endiabladamente entretenida, por lo que se convirtió en mi favorita. Llegó la tercera parte, vendiéndose como la más oscura, la más adulta de todas y la que daría un giro radical que haría que dejásemos de verla como una saga infantil. No fue así.

Tenía una fotografía mucho más oscura, una música más siniestra, la presencia de los dementores, pero no ayudaba mucho que los chistes fueran tres veces más chorra que en las anteriores. Al final no dejó de ser una entrega exactamente igual que las dos anteriores pero con otro director y menos luz. Nada espeluznante, vaya. Y si se hubiera quedado allí no pasaría nada, pero no. A partir de la tercera parte, toda la campaña publicitaria de las películas de Harry Potter se basaba en "la más oscura y adulta de la saga, ya ha dejado de ser una peli para críos", pero en realidad seguía siendo lo mismo maquillado de oscuridad. Eso me ha hecho odiar la saga, más que la saga, a su publicidad.

Así se me quedó a mí la polla cuando me operaron de fimosis,
en serio, mirada incluida.

Es una publicidad que te toma un poco por gilipollas, podríamos resumirla fácilmente en: "Uhhhh, el logo de la Warner ahora es negro, damos miedo...", "Uhhhh, somos siniestros...", "Uhhhh, a Harry se le ha puesto la cabeza cuadrada, Hermione tiene tetas y Ron folla, qué adultos que somos...". Es algo así como si las películas de Harry Potter estuvieran pasando por el pavo de sus protagonistas, son la a misma mierda pero fingiendo no serlo. Cuando vi la sexta parte ya dejó de importarme el hecho de que se limpiaran el culo con el libro (si no te has leído los libros o eres muy fanático, ni te enterarás ni te importará), lo que sí que me dio muchísima rabia es el hecho de restregarnos por toda la cara cómo todos los personajes follaban entre ellos (excepto Luna, te quiero, Dios).

Incluso en una escena tensa podíamos ver de fondo a un par de jóvenes magos pegándose el lote en un banco, vamos, que llegan a alargar el plano cinco minutos más y los vemos dándose por culo. En serio, ya sabemos que Harry y los demás han crecido, ya sabemos que tienen sus amoríos, ya sabemos que tienen pelos en la entrepierna, no hace falta que nos lo recordéis cada cinco segundos, no hace falta que nos lo digáis todo el rato en cada anuncio, no hace falta que finjáis que cada película es más oscura que su predecesora porque no lo es; porque por muchos personajes que se vayan a cargar, por muchos sustos rancios que metáis, muchos dementores que aparezcan y muchas escenas dramáticas que haya lo vais a arruinar segundos después haciendo un chiste cutre dirigido a los niños de la casa, sí, niños, porque esto quien lo va a ver son los más pequeños de la casa.

Hasta que no vea escenas de violencia, sangre, sexo, violaciones, desmembramientos y demás, no tendréis derecho para decir que se trata de un giro radical y que ya no sois una saga infantil. O dicho más directamente: O vemos porno con mandrágoras o nada. Acomplejados de mierda.

18/08/10

La otra noche era una de esas noches depresivas en las que a un servidor le da el bajón y se pone nostálgico y melancólico, Internet funcionaba a ratos (te odio, Movistar, con toda mi puta alma, es más, me voy a dar de baja y luego me voy a cagar en el mostrador de una de tus tiendas) y no tenía nada que hacer, o me entretenía rápidamente con algo o iba a caer en una profunda depresión (soy un adolescente, mi obligación como tal es tener el pavo, cambios de humor constantes y despreocuparme por pillar el SIDA).

Eran las dos de la mañana y estaba estirado en la cama. Como me aburría tanto, no se me ocurrió otra cosa que encender la televisión, y a esa hora no dan absolutamente nada ya (mucho TDT y mucha hostia, pero no dan porno en ningún canal, como mucho softcore y del más asquerosamente light), incluso se han terminado ya las reposiciones de Aquí no hay quien viva en Antena 3 y las de La que se avecina en Telecinco (gracias, TDT, por la variedad de contenidos). Así que dejé puesto Neox, con la intención de aburrirme viendo algún roñoso Call TV, pero cuán de grande fue mi sorpresa al ver que estaban dando un extraño programa de no conocía.

El programa en cuestión se llama algo así como "Mgustas", aunque mi televisión dice que se llama "Me gustas tú", así que uno de los dos títulos será. Intrigado me quedé, ya que no sabía de qué se trataba y nunca había oído hablar de ello (con lo cual, la cosa pintaba mal), por lo que lo dejé puesto a ver de qué iba la movida. Hay dos presentadoras típicas de los Call TV antes mencionados (esto es: irritantes y con zapatos de tacón) que se dedican durante un par de horas (o menos, pero como ponen dos o tres programas seguidos da lo mismo) a intentar que llamemos a una especie de red de amigos para conocer gente (esto es: los SMS de contacto que ponen debajo del porno que deberían estar emitiendo en lugar de esa bazofia) o que, si lo preferimos, llamemos a la línea erótica que ellos mismos tienen.


"Encontré a mi pareja ideal en un programa de madrugada en Neox"

Es básicamente un programa enfocado a vendernos una red social y una línea erótica. Lo divertido de cómo nos intentan vender la línea erótica es que nos presentan a las chicas con vídeos de presentación con música de película porno noventera en los que salen ellas hablando por teléfono mientras van haciendo posturitas sugerentes. La idea de vender así el pescado no es mala en absoluto, el único problema que yo le veo (y que lastra todo el conjunto) es que las chicas parecen inmigrantes recién llegadas de Mordor. O son cuarentonas arrugadas con tetas de silicona (pésimamente operadas) o son auténticas jessis rozando la treintena y maravillándonos con sus pútridas dentaduras. Nunca falla: o son viejunas o están melladas.

Podrían, por lo menos, tener la decencia de buscar a alguna chica medianamente decente, guapilla, monilla, pero no. Disfrazan de zorrón a las chicas más baratas que encontraron en la agencia de modelo y creyeron que con ponerles unos zapatos de tacón o meterlas (en bikini) en la bañera ya lo tenían todo hecho, creían que los pajilleros de medianoche no somos tan exigentes y que nos conformábamos con cualquier cosa. Además, son chicas que fomentan un estereotipo de chica que a mí jamás me excitaría (delgadísimas, maquilladas y pijas), y si a eso le sumamos el agravante de que son feas de cojones, este programa se convierte en una de las peores creaciones audiovisuales de todos los tiempos. Para eso, me quedo con el softcore chungo, que es básicamente lo mismo pero por lo menos las chicas no se parecen a las chonis de mi barrio.


Esa sonrisa dándolo todo

13/08/10

Conocéis de sobra mi extraña y enfermiza afición por retratar sobre cualquier superficie y con cualquier material el miembro reproductor masculino de la forma más retorcida y grotesca posible. No porque esté obsesionado con los rabos, ni mucho menos, pero para mí es una forma como cualquier otra de pasar el rato. Unos hacen sudokus, otros dibujan compulsivamente penes con patitas de pollo.

Y los últimos días de clase hemos tenido la suerte de contar con un cómplice involuntario, con una persona que dibuja maravillosamente y que se debe de pasar las clases dibujando caras en las mesas, porque siempre nos encontrábamos con cualquier cabeza (muy bien dibujada, eso sí) a la que poder aliñar a nuestro gusto particular. Y cada vez que veíamos una nueva obra de arte del muchacho aquel en alguna mesa, no lo podíamos evitar, y como si del maletín de la señorita Pepis se tratase (molaría realmente sacar un maletín lleno de plantillas de penes, diferentes lápices, colores, carboncillo...), sacaba mi estuche y me encargaba de dibujarle un buen tronco debajo, acompañado de unos fieles e inseparables testículos (y luego, para que no quedara tan soso, sombreritos, patitas de pollo, etc...). De hecho, ya publiqué hace tiempo un bonito ejemplo.

De cómo un inocente león termina convirtiéndose en un mutante con escroto...

Y no es por alardear, pero hemos llegado a crear auténticas obras de arte a partir de un pequeño dibujo, sólo había que sacar el kit de los rabos (nombre que a la larga terminamos poniéndole a mi estuche) y dar rienda suelta a nuestra imaginación (imaginación que, hay que reconocer, está bastante limitada entre cipote y cipote, pero ese ya es otro asunto). Al final, llegamos a un punto en el que a partir de cualquier cosa, por difícil que pudiera parecer, terminábamos convirtiéndola en un pene (o en un engendro poseedor de uno). Incluso, haciendo todo un alarde de creatividad, nos obsequiábamos unos a otros con dibujos de penes en nuestros libros y estuches (cosa que finalmente se convirtió en una batalla campal). Pero la felicidad no nos podía durar eternamente, y tarde o temprano tenía que pasar algo que hiciera que todo nuestro imperio fálico peligrase. Y así fue.

La Polla Hurley,
Jorge García estaría orgulloso.

Un lunes por la tarde, en clase de Religión, observé cómo nuestro compañero había hecho un pequeño dibujo en MI mesa. Y no sé cómo lo veréis vosotros, pero yo interpreté esa osadía como un acto de provocación en toda regla, porque una cosa es dibujar cosas en cualquier mesa (que quieras que no, implica un riesgo dibujar rabos ahí) y otra muy diferente hacerlo en la mía, donde estaría jugando en mi terreno y nada podría evitar que dibujase el pene más grande de la historia. El dibujo en cuestión era una pequeña cámara de fotos analógica (con un flash muy bien dibujado y todo), y cómo no, lo primero que se me pasó por la cabeza es dibujarle un buen tronco plagado de venas, sin embargo no podía ser tan obvio en esta ocasión, tenía que avanzar un paso más.

Por lo que, en vez de dibujar una polla al uso, le dibujé unas buenas espaldas y unos brazos musculosos acompañados de un gigantesco cuerpo de culturista, una especie de Arnold Schwarzenegger deforme. Y fue ahí cuando cometí el mayor error de mi vida: le dibujé un par de huevos gigantescos. Y posiblemente, si no le hubiera dibujado ese par de testículos, no habría tenido ninguno de los problemas que finalmente tuve, ya que la cosa habría quedado en un simple dibujo tonto sin mucho sentido. Pero claro, como era una cuestión de principios y de honor, no podía permitirme el lujo de no convertir semejante bizarrada en un pedazo de cimborrio. No pude sacar una foto de semejante obra de arte en ningún momento, pero aquí os he dibujado una pequeña recreación. También os tenéis que hacer a la idea de que el dibujo era gigantesco y ocupaba por lo menos un cuarto de mesa.

La verdad es que impone, es como una especie de Terminator de las pollas.

Aunque la recreación no le haga mucha justicia al original (que era mucho más boito, dónde va a parar), os podéis hacer una pequeña idea de lo que era ese dibujo. Pero con lo que yo no contaba es con que al día siguiente algún artista repasaría el dibujo con permanente, añadiendo un poco de color y sombreado. Y lo hizo tan bien que no había forma humana de borrarlo, por lo que ya era demasiado tarde y mi tutora me pilló in fraganti observando mi mesa, en la que podría ser una de las escenas más macabras de toda mi vida, una cruel ironía del destino. Al final, después de explicárselo varias a veces a mi tutora, conseguí que no me quisiera matar. Pero ya era tarde, ya había corrido la voz en la sala de profesores.

Cosa que en ningún momento me habría llamado la atención si no hubiera venido mi profesor de francés y me saludara con un "Bonjour, monsieur Glande..." (creo que no me olvidaré en la vida de eso). Al final y después de mucho esfuerzo conseguí borrar de una vez por todas ese gran pene venoso y perfecto. Eso sí, no me libré de una humillante charla en Tutoría sutil pero claramente dirigida a mí en la que se me tachó prácticamente de enfermo mental. Esto me pasa por gilipollas (nunca mejor dicho, por cierto).

10/08/10

Los adolescentes pagafantas siempre hemos tenido que hacer frente a diversos obstáculos a la hora de intentar conseguir a la chica de nuestros sueños; chica de nuestros sueños que para ser sinceros ni siquiera era tal, porque llega un punto en el que nos obcecamos tanto en conseguir a una chica que simplemente lo intentamos con la que tenemos más a mano o con la que parece más limpia, la que termina siendo la más difícil de conseguir. Son obstáculos con los que todos nosotros hemos tenido que lidiar. Obstáculos que finalmente hemos logrado superar ("superar" significa que pasaron de largo y pudimos seguir acosando a la chica sin mayor problema que nosotros mismos a la hora de no conseguir nunca tener nada con ella).

Pero uno de los que más rabia dan, sobretodo cuando más jóvenes somos, son los novios mayores (ya no un pelín más mayores que nosotros, sino auténticos pederastas en busca de carne tierna). ¿Quién no ha soñado con arrancarle los ojos al típico novio de dieciséis? Nos pasábamos los días sentándonos en clase al lado de la chica, esperando día tras día y dejando pasar el tiempo, creyendo que con eso bastaba para que de repente un día cambiara toda su forma de ver el mundo y se diera cuenta de que existíamos y que en realidad éramos lo que ella necesitaba. Lo malo es que finalmente pasaba lo que tenía que pasar, que llegaba un tío mayor que tú (generalmente cani y con barba, pero eso es opcional, también podía ser pijo y subnormal) que la conocía desde hace dos días, que apareció literalmente de la nada y que te la arrebataría sin apenas pestañear.

Tampoco hay que olvidar la falta de tacto que siempre tenían las muchachas a la hora de comunicarte la fatídica noticia, no se conformaban con decirte que se habían echado novio (eso es muy poco de mayor), la frase exacta era "pues yo me acabo de echar un novio de dieciséis, es más mono...", la chica en cuestión siempre hará hincapié en la edad del muchacho, para recordarte que había muchas más posibilidades de que su pene fuera mucho más grande que el tuyo, recordarte que eras un niñato de trece años y que no ibas a mojar el churro. Pero de todas formas, nunca se desiste en un caso como este. Siempre se guarda la esperanza de que en alguno de esos intervalos de tiempo en los que la chica se quedaba sin novio, podrías tener alguna oportunidad con ella (intervalos que cada vez parecían durar menos, todo sea dicho).

Lo bueno de estos personajes pedófilos y completamente odioso es que era la mar de fácil clasificarlos, cuanto más mayores sean menos tiempo estarían con la chica en cuestión. Así pues, mientras que si tu adorada amiga de catorce te decía que se había echado un novio de dieciséis podías darte por jodido, si te decía que se había echado uno de veinte; el susto te lo llevabas igual, sí, pero sabías que la broma no iba a durar demasiado tiempo (aunque siempre hay excepciones). En todo caso, siempre me recorrerá un escalofrío cuando alguna chica me diga que se ha echado novio y justo después diga su edad. Aunque la chica no me guste, da igual, "el novio de dieciséis" con el paso del tiempo se va convirtiendo en "el novio de diecisiete" y en "el novio de veinte", pero el dolor es el mismo, su personalidad despreciable (aunque no le conozcas, da igual, la chica es tuya y él es un cabrón) permanece intacta.

Por cierto, hace poco cumplí los dieciséis, y ahí lo dejo.

09/08/10

El Cerdito Caliente

Lo último en erotismo entre especies

Ciertamente desafortunado

Mi héroe


No, la verdad es que no quiero llegar así a la tercera edad.
Bueno, en realidad sí.

03/08/10

Odio correr.

Y ya no es que lo odie por la típica y vieja excusa que pondré siempre de que soy asmático, no, es que la misma idea de hacer deporte no me seduce ni lo más mínimo, y aunque sea lo más sano del mundo yo soy más partidario de quedarme aquí estirado en mi cama, vagueando, exprimiendo cada segundo del día en ella, apurando cada momento, levantándome sólo para ir a la tienda a comprarme una bolsa de pipas y una Coca-Cola bien fresquita. La idea de cansarme porque sí y ponerme a sudar sin más objetivo que el de llevar una vida más sana me parece una carajotada muy gorda. Y me parto el culo cada vez que mi madre me pregunta si quiero ir con ella al gimnasio, eso sí que es un acto de fe y lo demás son tonterías.

Y cuando digo que no corro significa que no corro, ni siquiera en los momentos más extremos, es más, la última vez que corrí detrás de alguien medianamente en serio fue cuando un cani me cogió el móvil, de tanto que corrí lo pillé, sí, pero del trote se me cayó la cámara de vídeo que llevaba y del hostiazo que se dio, se me rompió y ahora graba en rosa (pero esa historia creo que ya os la he contado más de una vez). Por eso y por mucho que la situación lo requiera, soy incapaz de ponerme a correr detrás de alguien. Pero eso no significa que no haya otras formas de perseguir a la gente igual de efectivas.

Por eso, si en algún momento me he visto obligado a perseguir a alguien, por el motivo que fuera, me he dado cuenta de que en mi caso (y en el de absolutamente todos los tíos vagos como yo) funciona mucho mejor el que me gusta llamar "El Método Psychokiller". Método que consiste básicamente en ir detrás de la persona que corre, pero ir caminando y buscando alguna manera de atajar, pillarle por el otro lado o simplemente esperar a que se canse y atacar en el último momento. ¿No le funciona al asesino en todas las películas? ¿No puede ser la víctima campeona de atletismo que el asesino la pillará de todos modos aunque vaya caminando? ¿Por qué no intentarlo yo?

Te impresiona mi machete, pero eso es porque no me has visto los huevos,
que los tengo como el mismísimo caballo de Espartero

Esto no es especialmente útil en robos o cuando al que persiguen es a ti, sin embargo de pequeño me iba de coña cada vez que jugaba en el colegio al pilla-pilla, o directamente cuando nos obligan a jugar ahora en clase de Educación Física, ¿de qué me sirve ponerme a correr si sé que me voy a cansar a los dos minutos? Para ponerme a correr yo mejor que corra el otro hasta que se canse y pueda pillarla sin esfuerzo alguno, o cuando más despistada esté esa persona. Me he dado cuenta de que siempre llega un punto en el que la otra persona baja la guardia que, por muy lentamente que vaya acercándome, cada vez dejará menos distancia y llegará un momento en que, sin que se dé cuenta, me bastará con alargar la mano para agarrarla.

Insisto, si le funcionó a Jason Voorhees, y podríamos estar hablando del asesino en serie con los huevos más gordos y pesados de la historia, a mí también me tiene que funcionar.

02/08/10

Una de las putadas que tenemos nosotros los adolescentes viene cuando nos empieza a salir barba. Y no porque no nos gustaría lucir una buena barbita de cuatro días, creyéndonos Hugo Silva pero pareciéndonos más a Carlos Areces. El problema tampoco es el mismo proceso del afeitado, puesto que a los adolescentes (por lo general) nos encanta creernos más mayores de lo que somos y al hacerlo eso nos otorga una agradable sensación de ser ya como un señor mayor, por mucho que luego nos dé vergüenza pedir las entradas en la taquilla del cine.

El motivo por el cual nos jode que nos empiece a salir barba es que esa barba que nos sale, no es barba, ni siquiera llega a proyecto de ella. Estoy hablando, cómo no, de esa barba mal hecha y totalmente aleatoria que va dejando pelos desperdigados bajo la patilla y algún que otro poquito en el cuello, hablo de esa barba irregular que sale por todas partes excepto por donde se supone que te tiene que salir la barba, esa barba que para lo único que sirve es para que venga cualquiera de tus familiares a reírse de ti y a recordarte por qué no eres Hugo Silva y por qué deberías afeitártela de una puñetera vez antes de seguir pareciendo un indigente, y lo que es peor, que te reconozcan por la calle.

Y esta es una cosa muy curiosa de las madres (o más bien de las abuelas), y es que algunas tienen la paranoia de que cuando vamos por la calle, no sólo vestimos como putos yonkis, sino que además cualquier persona nos reconocerá por la calle y rápidamente nos asociará a ellas, por lo que las haremos quedar en mal lugar. Quizás sea por eso por lo que a veces nos traen cierta ropa la mar de moderna con la que vamos a lucir por la calle. Y aunque no me gusta mucho hacer demagogia (miento, me encanta y lo sabéis), sólo tengo que recordaros la ropa que suelen traerme de vez en cuando para que me ponga (y mejos no hablemos de los pijamas), aunque ese ya sea otro tema.


No, amigo, esos cuatro pelos no son de tener barba,
esos cuatro pelos son de ser un mayate.

Es más, por mucho que en el instituto los tíos con barba follen más (está confirmado, hay un huevo de tíos más feos y gordos que yo pero que al ser canis y llevar barba, follan) si aparecemos por ahí con este tipo de barba cutre, lo único que vamos a conseguir es quedar como el culo y desaliñar una apariencia que, para qué nos vamos a engañar, probablemente ya sea lo bastante desaliñada de por sí. Y lo peor es que no van a faltar chicas se encarguen de recordárnoslo y desmoralizarnos por completo.

Nos estamos haciendo mayores, eso es un hecho. Ya tenemos pelos en los huevos, sí, pronto tendremos que ponernos a trabajar, pero aunque nos duela no podremos llevar barba hasta asegurarnos de que esa barba
parezca realmente una barba y que al menos no nos deje como una panda de julandrones.

No sé cómo se lo ha montado Pixar.

¿Qué demonios puedo decir de Toy Story 3 que no hayáis oído ya? ¿"
Id a verla, pedazo de julandrones"? Cualquier cosa que diga sería quedarme corto. Llevo once años esperando a ver la tercera parte de la que fue una de las dos grandes películas de mi infancia (la otra, aunque corra el riesgo de parecer un joven psicópata, era Scream). Todavía recuerdo cuando, emocionado, fui al cine a ver Toy Story 2 y disfruté como el crío que era por aquel entonces. Cuando yo tendría 6 años y casi todo el maldito merchandising de la película (incluido el emperador Zurg, del cual me enamoré).

Con una escena inicial que no sólo no deja respiro alguno sino que además es de lo más divertida y podríamos considerarla toda ella como un guiño como un templo, sobretodo para todo el que se sepa de memoria el principio de la primera parte, es ver a los juguetes en todo su esplendor. Después de esa escena, escucharemos por última vez Hay un amigo en mí en una sala de cine y se nos pondrá la piel de gallina cuando termine (cortan la canción en cierta parte y con toda la mala leche del mundo, imposible no deprimirse). Una vez ahí empieza la película, la cual (creo yo) se divide en tres partes claramente diferenciadas después de la introducción.

La primera hora no deja de ser una entrega más de Toy Story, con todo a lo que nos tiene acostumbrados la saga, con unos gags impecables y de lo más divertidos, aunque mucho más dramática de lo normal (y más teniendo en cuenta que la primera parte no dejaba de ser una buddy movie de animación), mucho más nostálgica y emotiva. Lo cual hace que recordemos que, por desgracia y al igual que Andy, todos hemos crecido. Han pasado 11 años, tanto para nosotros como para los personajes que nos acompañaron en nuestra infancia. Pero insisto, no dejará de ser una más (como si eso fuera poco) en el sentido de que todo lo que hizo que las dos anteriores fueran algo tan grande, divertido y entretenido se mantiene en esta (y llegan a superar la fórmula). La primera hora es un más de lo mismo pero mejor.

Llega la media hora final, en cuyos 15 primeros minutos nos encontraremos con las escenas más divertidas de la saga (toda la escena de la fuga es descojonante), o por lo menos a mí me lo ha parecido. Lo único que, para mí, le quita un poco la gracia en el doblaje español es la intervención de El Cigala en el que posiblemente sea el mejor gag de toda la película. Intervención que para mí estuvo totalmente fuera de lugar, si se hubiera dejado el doblaje original en esa escena seguiría funcionando a la perfección (afortunadamente o no, no todo el mundo la verá en V.O. por lo que no tendrá con qué comparar y no será tan quisquilloso como yo). Pero insisto, esos 15 minutos son de lo mejorcito que ha hecho Pixar en años. O por lo menos, de lo más divertido (es imposible parar de reír).

Eso sí, llegan los 15 minutos finales y terminas con un bajón espectacular. Y no porque la calidad decaiga, sino porque ha llegado el final. Llega la parte más emotiva de la película, dos escenas en particular que nos arrancarán más de una lágrima (la del basurero y la que va antes de los créditos). Es automático, todo el mundo llora con esas escenas y lo he comprobado. Todo aquel que haya crecido con Toy Story, que haya tenido los muñecos, que haya jugado con ellos de pequeño va a llorar. Y es que el final es toda una declaración de amor por parte de la Pixar a los personajes. Y gracias a Dios que hay escenas en los créditos (que son muy divertidas, como siempre), porque de lo contrario llegaríamos a casa todos depresivos.

Así que podemos decir que Toy Story 3 representa el broche de oro para la saga, otra obra maestra de Pixar y un regalo para todos los que, como yo, se sabían de memoria las dos primeras partes del humo que sacaba ya el VHS. Aunque bueno, me hace mucha gracia eso que dicen de "Pixar nos regala otra obra maestra", mis cojones, hemos pagado por ella nuestra entrada, que yo sepa no lo han hecho gratis. Ah, y si no la vais a ver en IMAX (que la sensación es orgásmica y espectacular, ya os lo digo) olvidaos por completo de tirar el dinero viéndola en 3D, no merece la pena.

Nota: 10

PD:
Sí, sí, hay miles de guiños y miles de listos se han encargado de buscarlos y encontrarlos, pero... ¿He sido el único friki de mierda que se ha dado cuenta de que en la mochila de Boonie aparece la abeja del primer corto de Pixar?

26/07/10

Hay millones de cosas en este mundo que me sacan de mis casillas, pero pocas pueden compararse a lo que me irrita escuchar un teléfono o un móvil sonando. No soporto a la gente que deja sonar el móvil más de la cuenta y me pongo enfermo cuando en una serie de televisión sale la típica escena en la que suena el teléfono y dos personajes discuten sobre cogerlo o no. Es algo que no soporto, me crea una ansiedad inimaginable, me entran los sudores fríos. Y por supuesto, también me molesta cuando se les acaba la batería a los móviles y van sonando cada dos o tres minutos para avisarte de ello (más me jode despertarme cuando le pasa eso a mi móvil, que a veces lo he tenido que apagar directamente para que dejara de dar por culo).

Pero los que más rabia me dan son sin duda los teléfonos fijos. Esos que suenan tan fuerte que no tienes escapatoria de ese irritante sonido, ese que sonido que te está advirtiendo que si no te das prisa te vas a joder porque vas a perder la llamada. Pero más jode cuando no encuentras el teléfono y la cosa se alarga, y se alarga, y sigue sonando. En mi caso, yo me ocupo personalmente de que suene lo mínimo posible, el problema es que mis familiares no comparten mi obsesión por que no suene el teléfono, es más, me aventuraría a decir que les gusta escuchar cómo suena. Cada vez que suena el fijo en casa, mis abuelos lo cogen, miran el número y son capaces de preguntar a todos y cada uno de los presentes si lo conocen, sólo les falta coger la agenda del móvil y empezar a comparar antes de, simplemente, contestar y saber quién puñetas es. Son incapaces de hacerlo.


¿Por qué no todos serán como él?

Y eso no me molestaría tanto si no dejasen el teléfono sonar durante interminables minutos cada mañana mientras estoy yo durmiendo. No está de más recordar que en mi casa hay tres teléfonos (el fijo y dos inalámbricos) y el sonido se multiplica, por lo que cada mañana escucho dos tonos de llamada a la vez y uno de ellos a dos bandas. Lo triste es que se han dado casos en los que yo estaba durmiendo plácidamente y al escuchar el teléfono sonar tanto rato, creerme que estoy solo en casa, levantarme de la cama rápidamente, correr hacia el teléfono para descubrir no sólo que había gente en casa sino que estaban ignorando la llamada ya que no conocían el número. Dicho así igual no suena tan molesto, pero hay que recordar que yo duermo desnudo.

Y puedo aseguraros que por muy morboso que creáis que soy, la idea de mostrar mis genitales delante de mis abuelos mientras éstos están desayunando no me excita ni me seduce lo más mínimo. De verdad que no.

Nosotros los estudiantes y supongo que todos los demás, nos pasamos todo el año esperando a que lleguen las vacaciones de verano. Nos imaginamos tumbados en una hamaca en la playa de una isla paradisíaca rodeados de tías en bikini deseando que satisfagamos sus necesidades, nos lanzan el periódico cada mañana desde un helicóptero y obviamente hay algún despistado que se ha dejado el router desprotegido en la isla de al lado, por lo que tenemos Internet de sobra en nuestro fabuloso Mac. Eso es lo que nos imaginamos y es normal que así lo hagamos, no se puede decir que se esté mucho mejor encerrado en una clase durante horas, pero lo que nos imaginamos no corresponde en nada con la realidad.

Si eres rico y te sobra el dinero sí, vas a irte de vacaciones a Nueva York, o aunque sea a Menorca, pero te vas a ir a alguna parte (yo al sitio más lejano al que he ido a veranear es a Villanova y gracias) y será bastante parecido a lo que todos nos imaginamos. Pero alguien con una vida tan triste y anodina como la mía no, yo no me he ido de vacaciones en mi vida (ojo, que tampoco se puede decir que me guste viajar o que me haga ilusión, que yo como en casa en ningún sitio) y me he pasado los veranos estirado en mi cama rascándome las pelotas, evitando la playa o la piscina a toda costa y saliendo de casa lo justito. Soy más de pasarme toda la noche despierto, leyendo o viendo series y películas. Por lo que este verano no está siendo menos.

Creo que este es el verano más caluroso que he tenido que padecer, o por lo menos el más pegajoso. Al estar todo el día tirado en la cama eso tiene sus desventajas, y una de ellas es que se te termina pegando el cuerpo a la cama y acabas dándote asco hasta a ti mismo de lo pegajoso que te pones, pero aunque esté retorciéndome de calor, muriéndome poco a poco y deshidratándome me da lo mismo, yo no me muevo de la cama ni aunque me paguen. Eso sí, lo malo es que a veces termino duchándome dos veces al día (incluso un día de lo mal que estaba tuve que ducharme a las seis de la mañana porque no podía más). Supongo que esta es la gracia del verano, os aseguro que no lo cambiaría por una semana en Roma.

Me quedan todavía un par de meses para seguir actualizando el lector de feeds cada dos por tres, para seguir encontrando series que nadie conoce y bajármelas, para seguir pasando las noches en vela y los días en cama, para ir al cine a ver cualquier película palomitera y morirme de calor de camino al Starbucks de Plaza Catalunya, teniendo que quitar el sudor de mi frente cada 2 minutos (con lo molesto y desagradable que resulta). Pero con todo, aunque no sea la fantasía paradisíaca antes mencionada, adoro pasarme los días sin hacer absolutamente nada. En unos años me daré cuenta de que desperdicié mi juventud, pero por ahora me seguiré dedicando a escribir mierda por aquí.

21/07/10

Y como me gusta hacer cada cierto tiempo, he vuelto a tirar de Google Analytics para escribir un post de relleno continuar esta gran saga de posts en la que me dedico a recopilar las mejores búsquedas en Google a través de las cuales el que las hizo llegó a parar a mi blog. Cada vez abundan más los que preguntan por las autofelaciones y sobre el cáncer de Caillou, por lo que vamos a obviar esas búsquedas (por aquello de no repetirnos demasiado) y vamos a centrarnos en las demás brutalidades con las que la gente suele encontrarme por Internet (hay búsquedas que me dan muchísimo miedo, la verdad.

Así que sin más dilación, aquí os dejo con la octava recopilación, como de costumbre cargada de obscenidades y filias la mar de extrañas. Que la disfrutéis (si tenéis estómago):

Frankfurt de polla (Con mucha mostaza)
Mi tía me revisa el pene (Tu tía debería estar en la cárcel)
Mirando penes en los baños (Matas el tiempo)
Pollas llenas de mierda (Sexo anal para coprófilos)
¿Quién es la actriz del vídeo de Pamela Chu de Vaqueros Musical? (Tú lo que vas es muy salido)
Si tuvieras un hijo con Robert Pattinson cómo sería (Gay)
Tatiana Martinez Punzano (Me la agarra con la mano)
Follar Hermione (Ya era legal, ¿no?)
Actor con el pelo blanco que hace pelis de humor (Me cago en tu puta madre)
Bebés desnudos que se le ven los huevos (¿Pedohuevofília?)
Bulma es follada por sus hijos (¡Come, lame, YA!)
Bukakke con minipenes (Lo que se le suele llamar un bukkake light)
Canción chunga para jessi (No hay nada más triste que intentar conquistar a una jessi)
Cansada del capullo de mi hermano decidí grabarlo mientras follaba (¿Harta de tu hermano o del capullo de tu hermano?)
Caricaturas eróticas de Disney Channel (Esto es casi más enfermizo que lo de los huevos de bebé)
Chica muerta al ver Eclipse (Si yo sobreviví...)
Chupando la polla de mi hijo (Y bien orgulloso que estoy)
Cómo encontrar fotos de gays enseñando el pene (Tranqui, en cuanto cumpla la mayoría de edad)
Cómo hacer a tu hijo con Robert Pattinson (Te bajas las bragas...)
Cómo ligar en verano si estás gordo (Eso mismo me pregunto yo... Pagando, supongo...)
Cómo meterse el pene hacia adentro (Eso ya es retorcido)
Cómo se llama la canción de Zack & Miri cuando hacen el amor (Estás de suerte, es Hold Me Up)
Costras en el escroto (JO-DER)
Diferencias The Office UK y The Office USA (UK es más corto, realista, dramático y con un exquisito humor negro; USA es más largo, suave y con un humor más blanco y absurdo. De nada.)
Domino's Pizza en España es lo mismo que en otros países (No, es una puta mierda)
Drag Queen follados por el culo (Recordemos que este tío ha terminado aquí)

Volveré con esta sección en cuanto se renueve un poco el jugoso material con el que cuento. Espero que no hayáis querido vomitar demasiado (que llevo una rachita últimamente que...).

Atención: Post moderadamente escatológico (de los que a mí me gustan):

Yo, como todas las personas de bien, tengo la sanísima costumbre de llevarme algo para leer al baño. Antes me daba un poco igual, leía lo que tenía más a mano (como si tenía que tirar de la etiqueta de algún producto), pero cada vez me he vuelto más y más sibarita en ese aspecto. Primero empecé leyéndome mi preciada colección de tebeos de Mortadelo y Filemón para pasar a leer libros de más categoría como Guía del autoestopista galáctico y los siguientes. Pero al final, llega un punto en el que todo esto se te queda pequeño mientras que sigues teniendo la necesidad de leer algo mientras estás yendo de vientre.

Por lo que tomé la sabia decisión de empezar a llevarme el portátil a cagar. Y es que, amigos, no os podéis ni imaginar lo satisfactorio que resulta sentarse en la taza del váter con un Macbook Pro a mano (eso sí, apoyado en el bidé o en cualquier sitio, en las rodillas nada, que no sabéis lo que quema el muy desgraciado). Cuando mis familiares ven que me llevo el ordenador al baño creen que se trata de una obsesión que tengo con él (vale, no podemos negar que parte de razón tienen), pero nada más lejos de la realidad, lo hago porque he descubierto que no hay nada más placentero que cagar con Spotify abierto, charlar alegremente por Gtalk y sobretodo escribir posts. No os podéis hacer a la idea de la cantidad de posts que he escrito mientras estaba cagando (y nunca me cansaré de decirlo, porque realmente no os lo podéis ni imaginar).

El único problema que tiene esto es que me veo limitado por la batería de mi portátil. Y a mí no me gusta cagar con prisas, todo lo contrario, adoro disfrutarlo lentamente, sin lugar a dudas me atrevería a decir que, para mí, cagar es mejor que follar. Además, para mí representa todo un ritual. En cuanto me vienen las ganas desconecto el cable del cargador, me llevo el Mac cierro la puerta del comedor y luego la del baño; ya que soy totalmente incapaz de hacer mis cosas si escucho a mis familiares discutir, reírse, hablar o simplemente escuchar la tele del comedor ya me cortaría todo el rollo (os aseguro que aunque al ver Sálvame entren ganas de cagar, escucharlo de fondo produce el efecto contrario).

También suelo poner algo de música y abro Gtalk, precisamente para narrarle a
Guillem lo que estoy haciendo en ese preciso instante y sin escatimar en detalles (con el único objetivo de incomodarle y repugnarle). Pero una vez estoy ahí sentado, lo que me gusta es tomármelo con calma y disfrutar de cada segundo. El problema, como ya he dicho, es que en cuanto la batería del ordenador empieza a tocarme las narices, se me vuelve a cortar todo el rollo y tengo que chaparlo todo rápidamente (tiene ya 3 años y cada vez dura menos). Y queda totalmente descartada la opción de llevarme también el cable del cargador al cagadero. Eso ya sería demasiado bizarro, incluso para mí. Aunque en realidad me lo estoy planteando.

Dicho esto, aquí me despido, que la batería está terminándose...

13/07/10

La otra noche no pude dormir, no porque estuviera pensando en cosas especialmente trascendentales o me atormentara alguna clase de recuerdo traumático de mi infancia, no tenía mal de amores ni me preocupaba ninguno de los millones de problemas que existen en este patético mundo donde nos ha tocado vivir. Esa noche no pude dormir porque había una avispa en mi habitación. Y al decir avispa seguramente os estéis imaginando a un pequeño insecto insignificante e inofensivo, pero no. Esa avispa que era por lo menos tan grande como una almendra estaba dando vueltas alrededor de mi bombilla y no tenía muchas ganas de salir por la ventana o simplemente de dejar de moverse y ponerme nervioso.

Yo, como todo cobarde que se precie y con cierta fobia a las avispas, tenía puesta la piel de gallina, los pelos como escarpias, los huevos de corbata y el escroto como una pasa. Después de tirarme casi una hora observando el hipnótico revoloteo del puñetero bicho, me armé de valor, abrí sigilosamente el armario (ya que cada vez que intentaba levantarme la avispa se me quedaba mirando, como si me estuviera vigilando) y me vestí con un plumón. Hay que tener en cuenta que iba en calzoncillos ya que entre que estamos en pleno verano y mi habitación está llena de aparatos electrónicos hace un calor de la hostia, pero aun así no tenía muchas ganas de ser atravesado si por algún casual la abeja se me ponía farruca.

A ver, dame la patita...

Por lo tanto, justo después de embutirme en aquella improvisada armadura de plumas, cogí un pequeño cojín, me acerqué con cuidado y con el corazón a mil y en cuanto vi que era el momento le asesté un golpe al bicho que no lo iba a reconocer ni su puta madre del viaje que le di. Nunca llegué a ver el cadáver del insecto, dejó un pequeño rastro de sangre y alguna patita pegada en la pared. pero del golpe que se llevó supongo que su cuerpo llegó muy lejos o bien se desintegró. Como podéis imaginar mi relación con las avispas nunca ha sido lo que se dice muy amigable, más bien se respiraba cierta hostilidad producida entre otras cosas por el tremendo pánico que me dan.

Nunca en la vida me ha picado una avispa o una abeja, pero lo que está claro es que tampoco me apetece y os puedo asegurar que no es algo que vaya a escribir en una de esas listas de cosas que hacer antes de ponerse a tocar el arpa. Y lo peor de todo es que desde entonces cada noche está entrando una avispa nueva en mi habitación, y como encima son resistentes las malas putas, es cuestión de tiempo que llegue alguna y me pegue un aguijonazo cuando menos me lo espere. No tengo huevos de abrir la ventana. Mi habitación es una sauna.
Mi vida es una mierda.

 
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