19/04/13Gentleman
Si no recuerdo mal, fue el verano pasado cuando mi querido amigo Mateu prácticamente me forzó a abrirme una cuenta en Badoo. Se pasaba todos los días hablándome de ello y pidiéndome una y otra vez que me registrara, argumentando que era la polla y que me iba a encantar.
No es que tuviera yo demasiado interés por intentar hincar porra en la que se ha ganado por méritos propios ser considerada la mejor página web dedicada al apareamiento cani del mundo, pero ya que estas cosas siempre tienden a garantizar risas mil, acabé cediendo por mera inercia y abriéndome la cuenta. Huelga decir que el mismo día que me registré Mateu empezó a echar pestes del sitio, diciendo que se iba a borrar la cuenta porque era una mierda que no servía para nada. Sigo dirigiéndole la palabra, por algún motivo que definitivamente escapa a mi entendimiento.
Pero decidí darle un mínimo de crédito a la página y ver qué era exactamente lo que podía ofrecerme, y la verdad es que no me decepcionó en absoluto: En cuestión de unas horas ya habían intentado ligar conmigo cuatro chonis y un travesti. Bueno, debo matizar que creo que una de esas chonis era en realidad un par de niñas de siete años cachondas y aburridas en una fiesta de pijama. Y, aquí es cuando tengo que ser totalmente sincero con vosotros, el travesti no tenía la menor intención de ligar conmigo, sólo quería hacer publicidad de un salón de masajes con final feliz cercano a mi barrio.
Y aunque no le presté mayor atención a dicha plataforma ya pasados unos días, las propuestas de las sirenas (aka. mujeres con cola) no cesaron ni lo más mínimo. Y el problema es que no hacían más que hundir mi ya de por sí difunta autoestima, pues no sólo no se conformaban con tener unos penes que me dejarían en evidencia a mí y al 45% de las razas equinas, sino que además sólo pretendían contactar conmigo con el objetivo de ofrecerme prostitución. No quieren ligar conmigo y por si fuera poco me ven cara de putero. Y de putero gay.

Finalmente acabé borrándome la cuenta, aunque debo reconocer que tardé bastante más de lo aconsejable. Quizá debido a que en el fondo me causó más carcajadas de las que tenía previstas, quizá debido a lo mucho que me puede el morbo, pero llegó un punto en el que ya no daba abasto, viéndome abrumado ante semejante jauría de rabo perfumado.
Y es que me he dado cuenta de que soy una especie de imán de shemales. El otro día, sin ir más lejos, estaba haciendo mi inspección rutinaria por las páginas pornográficas que suelo frecuentar, recopilando en pestañas un surtido de vídeos en streaming para mi inminente goce personal junto a mi sonrojado samurai cíclope, cuando de repente me encontré con un vídeo que por la miniatura parecía bastante apetecible. De hecho, pintaba tan bien que me lo guardé para el final, para que fuera el plato fuerte.
Una vez en plena faena, cuando me paré a verlo me di cuenta de que el nombre de dicho vídeo era «Massively Hung Shemale». Lo cual es curioso, porque de entre todos los equívocos que podría tener en este tipo de situaciones, me tuvo que tocar precisamente el más embarazoso de todos ellos. No tendría la suerte de que el vídeo, por algún casual, se llamase «A Little Bit Hung Shemale». ¡No, no! Tenía que ser «MASSIVELY». Por sus cojones, me tuve que topar con el travelo con la polla más gorda de todo Internet.
Y yo creo que todo esto debe de tener algún sentido. Si nos paramos a pensarlo, todo son indicios que me llevan a creer que el universo está tratando de decirme algo. Demasiadas señales desde todas partes, no puede ser casualidad. No puedo seguir fingiendo que no pasa nada, no quiero seguir ignorando las señales como si la cosa no fuera conmigo. Se acabó hacer oídos sordos. ¿Quién soy yo para luchar contra el destino?
Así que, si me lo permitís, me tengo que ir ausentando ya, que me acabo de alquilar una habitación para esta tarde en el Perla Negra. Por un tema. Ya si eso os voy contando luego.
Deseadme suerte ‘o algo’.




