Juankiblog

Papada espontánea

 
Estaba sentado en el sofá del comedor, y por casualidades de la vida estaban emitiendo Sálvame. Por motivos ajenos a mi voluntad, cambiar de canal no era una opción viable, así que decidí ignorarlo y seguir a mis cosas como si nada. Pero como en realidad soy débil, no pude evitar echar alguna mirada de vez en cuando al televisor que, después de todo, tenía justo a mi lado y no podía evitar oír.

En uno de esos alzamientos de mirada, veo una de estas escenas típicas de famosilla por la calle haciendo declaraciones (no recuerdo de quién se trataba exactamente) en su portal. Honestamente, me encantan este tipo de escenas. No por la famosa de turno, sino por la gente que aparece por detrás (no, no me refiero al mocito feliz, creo que no existe tipo más creepy en el universo) haciendo el subnormal y dando vergüenza ajena.

Pero en esta ocasión, vi a alguien que realmente colmó todas y cada una de mis expectativas. Era una señora que… ¡Qué digo! Era el máximo exponente de señora mayor marujona que he visto en toda mi vida. No sólo reunía todas las características sino que las potenciaba. Era una ‘señora que…’ al cuadrado.

Para empezar, no parecía una mujer, era un extraño amasijo de carne embutido en un pseudo-pijama azul y delantal (supongo que estaría en su casa hasta que se ha enterado de que en la calle estaba ‘la tele’ y ha bajado corriendo a chupar cámara). Estaba gorda, muy gorda. Y lucía un pelo rizado (a efectos prácticos: púbico) horrible y desaliñado. Su cara era amorfa y sus diminutas gafas se veían eclipsadas ante la magnitud de sus mofletes y, sobre todo, su papada. Era una especie de gran papada andante. Era como un monstruo de Pixar. Era horrible. Sólo me habría dado más asco si llevara una escoba.

Y además estaba roja. Muy roja. Estaba partiéndose de risa. En su retorcida mente de señora mayor, ella creía estar ante el mayor acto de rebeldía de su vida. Se estaba desmelenando por completo. Estaba burlando la ley. Ella se creía la futura comidilla del barrio y la envidia de sus amigas. Era feliz. La famosa en cuestión era lo de menos, toda la atención estaba puesta sobre ese clon rosado y peludo de Jabba. Ha tenido sus dos o tres inmerecidos y oportunistas minutos de fama, pero no ha defraudado a nadie.

No, pero en serio, me parece fascinante.

Técnicas de supervivencia gitanas: El Frigodedo

 
Lo más jodido del nuevo instituto al que voy es lo quisquillosos que suelen ser con el tema de la puntualidad. Si no llegas a las ocho en punto, en el 70% de los casos (a veces se enrollan) puedes darte por jodido, porque no te dejan entrar hasta la siguiente hora.

A principio de curso no pasaba nada. Es decir, daba por culo pero no demasiado, si te pasaba alguna vez tampoco había que montar ningún drama, no era para tanto. Pero ahora hace frío. Un frío de la hostia. Y eso que yo tengo una tolerancia al frío bastante grande, pero ahora es horrible. Voy temblando por la calle, temblando mucho, y si lo juntamos con el sueño que suelo tener a primera hora, si me da por bostezar monto un espectáculo muy similar al de una impresora encendiéndose.

Esto me ocurrió hace varias semanas, pero fue tan triste que creo que puede merecer la pena compartirlo aquí:

El despertador sonó tarde (o no sonó, yo qué sé, el puto Alarm Clock que hace lo que le da gana a veces). Jodidamente tarde, vamos, como que me desperté a las ocho menos cuarto. Pero no perdí la esperanza. Me desperté de un salto, me vestí a toda prisa, me acicalé en el espejo del ascensor (bueno, eso lo hago cada día) y conseguí llegar a la puerta de mi instituto a las ocho y seis minutos. No pude entrar. Primero me cagué en todo lo cagable, pero luego me concentré en buscar un asiento donde pasar el rato.

Una vez sentado, saqué mi iPhone 3GS (menudo anacronismo, ¿no? ni que esto fuera 2009…) y tiré de Google Reader para entretenerme un rato. Pero claro, al pasar los minutos empiezo a notar que mi mano responde cada vez peor, que se me está petrificando, que cada segundo que pasa la voy notando menos, que voy perdiendo la sensibilidad en los dedos y entonces empiezo a replantearme muchas cosas. Cuando más al borde de la amputación me vi, dejé estar el iPhone y me guardé las manos en los bolsillos.

Aún con las manos de nuevo en el bolsillo de la chaqueta (que no es precisamente fina), seguían congeladas, y viendo que la cosa no tenía solución, tuve una idea de bombero que al final resultó ser bastante efectiva: Chuparme el pulgar. Estaba en la gloria. Al ver lo bien que me había funcionado, y después de girar mi cabeza hacia ambos lados por si divisaba a alguna persona conocida (o no) a mi alrededor, empecé a meterme todos los dedos en la boca, uno por uno.

Os juro que estaba acojonado. Cualquier persona que apareciera por ahí me tomaría inmediatamente por monguer. Y con razón, seguramente. Pero no podía parar. Tenía que seguir calentándomelos, como si me fuera la vida en ello. Y os juro que era como lamer un cubito, un Frigodedo, qué sé yo. Pero estaba en la gloria. El Nirvana, la vida, era eso.

Aunque desde ese día, procuro no llegar tarde.

La Mejor Noche de Nuestras Vidas

 
[Previously on Juankiblog: Mateu (ese amigo que, en ocasiones, es como un grano en el capullo) nos hizo salir a todos 'a ligar' una tarde y acabamos en una panadería tomándonos un granizado de limón en vaso de porexpán.]

Tengo diecisiete años y me doy cuenta de que mi vida hasta ahora se ha basado en tocarme los cojones frente al ordenador hora tras hora, dedicándome en cuerpo y alma a tan agradecido (aunque agotador) hobby de cascarme pajote tras otro como si no existiera un mañana (sí, bueno, también hago eso de actualizar este blog, aunque muy de vez en cuando). Por lo que últimamente estoy socializando un poco más. Intento no apolillarme en casa, salir de vez en cuando, conocer gente nueva; en fin, todas esas cosas que debí haber empezado a hacer hace tres años. Pero aún no es tarde para subsanar mis errores.

No os confundáis, no tengo intención alguna de dejar de tocarme la viruerga en casa, o de despegarme un día entero de mi Macbook Pro, pero soy consciente de que tengo que tener experiencias que contar. Algunos os quejáis de que no actualizo y os creéis que me estoy pegando la vidorra padre, y qué coño, lo que pasa es que no se me ocurre nada interesante que contar acerca de la textura y/o rugosidad de mis huevos (para eso ya está mi Twitter). Así que, en realidad, saliendo un poco más le hago un favor a mi doble vida internetil. Pero tampoco os asustéis, no penséis en Skins porque ni llego a The Inbetweeners.

La madre de Mateu me semi-obligó a acompañar a su hijo durante la noche de fin de año. Ni siquiera estaría con mi grupo de amigos habituales, sino con sus compañeros de water-polo. La idea era ir a un garito donde ellos van siempre. Tener una noche particularmente cani, rebosante de alcohol y sexo, en la Villa Olímpica (gente de Barcelona, ya sabéis de lo que estoy hablando, y ya sabéis lo particularmente jodido que es). No os voy a ocultar que a Mateu no le hacía especial gracia que yo apareciera por allí. No porque yo le molestara, quiero creer, sino porque es lo bastante inteligente como para saber que no estoy hecho para cierto tipo de ambientes. Aún así, hizo lo que pudo por concienciarme (me voy a limitar a copiar y pegar dos conversaciones de Gtalk):


Mateu: ¿Estás seguro de que quieres ir?
Yo: Sí.
Mateu: Pero vístete decentemente. Nada de camisetas de ‘Sevilla’ ni mierdas por el estilo.
Yo: Tranquilo, llevaré alguna camisa decente.
Mateu
: En serio. Es muy importante. Sin pantalones rotos. Y que huelas bien. Una vez dentro te tocas la polla, pero fuera es cuando te dejan entrar o no.
Yo: No te preocupes, iré arreglado. Me peinaré bien el rabo.

Mateu: Eh, putifar. Mañana saldremos de allí a las cinco.
Yo: Vale.
Mateu: ¿Estás seguro? Porque vas a ver lo que son nardos allí. Y no te querrás ir.
Yo: A mí mientras haya algún negro…
Mateu: Y llévate calzoncillos rojos. El sujetador te dejo elegir.
Yo: Tú llévate la peluca, por si al final no ligamos.

Llegó Nochevieja. Después de conseguir no atragantarme con las uvas (qué tópico de mierda, ¿no? lo de atragantarse con las uvas, digo, ¿a quién le pasa realmente?) celebrando el fin de año con Paquirrín y la Pantoja, hice un par de llamadas, me vestí de un modo más que decente (esto es: no trajeado pero tampoco en chándal), me perfumé y me dirigí a casa de Mateu. Una vez allí, su madre (la única persona del mundo capaz de llamarme ‘guarrona’ más veces en una conversación que su propio hijo) me repasó de arriba a abajo, llegando a la misma conclusión que mi amigo: Que yo iba hecho una puta mierda, pero que me había visto en situaciones peores.

Mateu no dejó de reprocharme el no ir vestido elegante, a su vez que él llevaba una camisa impecable y unos zapatos a la altura. Yo no iba mal, insisto, pero a su lado era muy fácil quedar en evidencia. Y ahí se cebaron. Es difícil de explicar qué se siente cuando te ponen a parir Mateu y su madre a la vez y enfrente de tus narices, pero es algo muy parecido a cuando dos personas rajan (muy fuerte) de un tercero a sus espaldas, sólo que sin esperar a hacerlo a sus espaldas. Dato curioso: su madre empezó a ponerme a caer de un burro antes de felicitarme el año nuevo. Luego cayó en la cuenta. Luego me siguió insultando. Quiero casarme con esa mujer.

¡2012 fetén!

Su padre nos llevó en coche hasta Villa Olímpica y una vez allí esperamos a sus amigos (a los que, insisto, yo no conocía absolutamente de nada), y cuando llegaron nos fuimos hasta el garito ese que conocían tan bien y al que habían ido otras veces. Lo gracioso es que esa noche no sólo estaba medio vacío, sino que además cobraban la entrada (y a nada menos que veinte pavos). Nos rajamos inmediatamente (como haría cualquier persona sensata) y decidimos buscar un plan alternativo (que nunca llegaríamos a encontrar, en realidad). Odisea para encontrar un taxi, odisea para encontrar una estación de Bicing, odisea para decidir qué hacer y acabar cogiendo el Metro para volver de donde habíamos venido sólo media hora antes en coche.

No exagero demasiado si digo que nos recorrimos media ciudad sin encontrar absolutamente nada (al menos nada particularmente asequible). Podíamos ver cómo el resto de la gente se lo estaba pasando de puta madre, incluso nos constaba que la gran mayoría de nuestros conocidos estaban pillando cacho, mientras que nosotros no hacíamos otra cosa que dar vueltas de un lado para otro e incubar un resfriado de tres pares de cojones.

“Piensa que hasta la Pantoja se lo está pasando mejor que tú esta noche”, fue la frase más recurrente durante esas cuatro horas que nos pasamos caminando como gilipollas mientras íbamos rebajando progresivamente el listón de lo que pretendíamos hacer (pasamos del “este sitio no está a nuestra altura” al “vamos a colarnos en el Casinet a beber ponche y ligar con viejas”). Al final acabamos al lado de la Estación de Sants, en un puesto muy jodido de churros y mierdas varias,  comiéndonos una hamburguesa a las cuatro de la mañana. Por el camino nos libramos de varios atropellos de puro milagro.

Durante la vuelta, pude descargar todo mi odio y toda mi bilis contra Mateu. Diciéndole una y otra vez que menos mal que iba elegante, que de lo contrario puede que no nos hubieran servido las hamburguesas. Animándole a repetir la experiencia el año que viene. “Ésta ha sido la mejor noche de nuestras vidas. A partir de hoy no creo que vuelva a salir, porque todo me sabría a poco en comparación”.

En esencia, eso

 
Tampoco tardé demasiado en mofarme de que por culpa de su (por otra parte brillante) decisión estética de llevar zapatos se hubiera destrozado los pies. De hecho, acabó quitándoselos y volviendo descalzo a casa. Saboreé cada segundo de su agonía. Disfruté de cada calle con la acera mojada. Deseé una y otra vez que se clavara algún jodido cristal (aunque no cayó esa breva). Ojalá conservara una fotografía de ese momento. Lamenté no haberme llevado la cámara de vídeo, no os voy a engañar.

Llegando a casa, una vez nos habíamos despedido ya de sus compañeros, empezamos a teorizar sobre qué sería mejor contarles a nuestras familias:

Mateu: Esto que quede entre nosotros, ¿eh? La gente no puede saber lo que nos ha pasado hoy. Esto hay que llevarlo a la tumba.
Yo: De puertas afuera hemos pasado una noche cojonuda, TODOS hemos follado y nos hemos puesto de ácido hasta las cejas.
Mateu: Es que a mí me da vergüenza llegar a casa. Yo no sé qué decirle a mi madre.
Yo: Miéntele. Igual te castiga, pero al menos no se va a reír.
Mateu: Es que me va a castigar por no haber hecho nada.
Yo: Al final el truco va a ser llegar a casa, abrir el mini-bar, hincharte a whisky a palo seco hasta terminar fatal. Mañana despertarás como el jodido culo y no te acordarás de nada, pero pensarás que te lo has debido de pasar de puta madre.

Nos despedimos. Volví a mi casa solo. No estoy a más de cinco minutos de su casa, así que no hay mucho riesgo. En realidad, estaba esperando a que me violara alguien por la calle, no sé con tal de pillar cacho; o que me atracaran, por aquello de darle un poco de vidilla a la noche. Pero nada. Llegué a casa y me tiré en la cama. Al final, fiesta por la parte de los cojones. Y lo único que bebí fue agua y al llegar a casa (al menos no era del grifo, lo cual a estas alturas es un consuelo).

La moraleja: No salgáis de vuestra puta casa en fin de año. Y si lo hacéis, procurad tener la mayoría de edad y estar lo suficientemente alejado de gente como nosotros, que tendemos a gafarlo todo. A estas alturas, no creo que exista mayor imán para las desgracias que yo. Pero lo positivo (y con lo que me voy a quedar de la experiencia) es que nos reímos bastante y que, al menos, tenemos la certeza de que a partir de ahora el año no puede hacer más que ir a mejor. O no, pero lo tiene jodido para empeorar la propuesta.

Mis Cojones, 2012

 
Me siento en la taza del váter.

Son las nueve de la mañana cuando estoy escribiendo esto. Los más ilusos pensaréis que hoy he madrugado, pero nada más lejos de la realidad: sólo soy una víctima más del insomnio. Lo he intentado, pero no he encontrado forma humana de conciliar el sueño, así que me he resignado. Luego me he parado a pensar un segundo, estamos a 31 de diciembre, y he caído en que debería ir escribiendo el post de fin de año para tenerlo ya listo. Pero después de hacer varios intentos, me he dado cuenta de que no tenía ni putas ganas de escribir uno. Lo que realmente quería era cagar.

En uno de los primeros intentos de creación de este post, había pensado en hacer un balance sobre todas las cosas que he hecho este año, pero enseguida me di cuenta de que quedaría algo muy largo y aburrido, hay mucha paja. Luego pensé en hacer la mierda de todos los años, divagar un poco y acabar no contando nada. Pero conforme iba escribiéndolo, me di cuenta de que hay millones de post clónicos a lo largo de un año, y más en un blog de esta calaña. El post de fin de año, el post de aniversario del blog y el post del cumpleaños del autor son prácticamente lo mismo. En este blog y en casi cualquier blog personal.

Y como sería tener los huevos muy gordos actualizar un par de veces al mes y que una de las dos sea para contar la mierda de siempre, hoy no voy a hacer eso. Hoy sólo me he sentado a cagar. Puestos a hacer una mierda de post, hagámoslo con cierta honestidad.

Podríamos decir que se trata de una metáfora, y que el 2011 ha sido un auténtico truño. Y en realidad no voy a negar que lo haya sido, pero no se trata de ningún tipo de licencia narrativa, no, realmente estoy cagando y hoy no me he levantado con otra motivación que no sea ir al tigre. A lo mejor está condicionado por lo dicho anteriormente, mi año ha sido una mierda y he perdido las ganas de todo.

Podría ser, no estoy en la etapa más alegre y optimista de mi vida, no os voy a engañar. No veo que las cosas pinten nada bien, ni para mí ni para nadie. Pero tampoco soy un infeliz, acaban de regalarme un iPhone 3GS (ahora sólo falta que me regalen una Game Boy Advance y seré oficialmente el chico más afortunado de la década pasada) y sé que mis problemas, en realidad, tienen solución. Pero ahora voy a seguir cagando.

Hablando del tema: la taza está fría, congelada. Y creo que voy a enchufar el calefactor antes de quedarme petrificado en el cagódromo. Mis testículos son como cubitos de hielo (literalmente, podría ponerlos en una jarra y enfriar una cerveza). Pienso en todo el día que me queda por delante. Que si la cena, que si las uvas, que si las llamadas, que si las pollas en vinagre… Honestamente, hoy no tengo ganas.

No me pilla de humor el fin de año.  No quiero atragantarme comiendo uvas. No quiero ver a Paquirrín dando las campanadas. No quiero tener esa angustia, esa nostalgia absurda de pensar que cada una de las pajas que me haga hoy podría ser la última del año. Hoy quiero tener un día normal. Pero no caerá esa breva. Oigo el pitido del microondas, alguien se ha despertado y está calentándose un café. Ya es oficial, el día ha empezado. El principio del fin. Estamos bien jodidos. Será mejor que salga de aquí. Ya os contaré.

Feliz 2012.

Tiro de la cadena.

Logro Desbloqueado

 
Llevaba un par de semanas la mar de jodido. Alérgico perdido y con ataques de asma, sin poder respirar. Pasé de acabar con los paquetes de kleenex a fulminar rollos de papel higiénico a diario. Bueno, en realidad, tampoco dista mucho de mis gastos habituales, lo que pasa es que no suelo emplearlos para los mismos menesteres. Normalmente los utilizo para sonarme los mocos, pero cuando estoy enfermo me la pelo mucho más de lo normal. De alguna forma habrá que matar el tiempo, digo.

Estando tan absolutamente perjudicado y tirando de Ventolín cada dos por tres, cual nerd cliché de serie de animación, pasé varios días postrado en la cama, retorciéndome y compadeciéndome de mi propia existencia. Pero poco a poco fui recuperándome. Lo malo es que creí haberme recuperado cuando todavía era demasiado pronto. Y, como era de esperar, la cagué.

Eran las once de la noche y me dispuse a bajar a la tienda que hay enfrente de mi casa a por un pack de Coca-Cola. Realmente me veía con fuerzas, pero llevaba varios días sin tocar la calle y no parecía muy buena opción salir a esas horas. Pero como la tienda está, literalmente, a treinta segundos de casa tampoco me pareció demasiado arriesgado. Me armé de valor, y con mi chándal y zapatillas de estar por casa, me dispuse a hacerme con ese pack.

Una vez bajé, comencé a defecar mentalmente sobre todos y cada uno de mis muertos, al descubrir que la tienda estaba cerrada. Raro, porque suelen cerrar sobre las doce pasadas y aún eran las once en punto. De todos modos, di una pequeña vuelta hacia un ’24 horas’ que también estaba en mi calle sólo que un poco más lejos. Sin embargo, empezaba a no encontrarme demasiado bien y a poner mala cara. Resumiendo: En chándal, zapatillas, mala cara, desaliñado (sin afeitar y algo despeinado) y en el barrio del Raval a las once de la noche. La verdad es que la cosa pintaba bien jodida.

Cuando al fin llego al ’24 horas’, descubro que también estaba cerrado. El tamaño de mis testículos en aquel momento alcanzó unas dimensiones equiparables a las de un par de bolas de billar, pero tampoco me alteré demasiado, simplemente me di por vencido, di media vuelta y me dispuse a volver mi hogar con resignación. En un trayecto de apenas minuto y medio, me crucé con un señor pakistaní que me intentó vender cerveza. Comprarle algo a esta gente me parece algo muy gitano, pero debo confesar que si en lugar de cerveza vendiera Coca-Cola, le habría comprado el pack entero y hasta le habría dado un beso en el bigote.

Medio mosca, al ver que me habían tomado por un cani de mal vivir, seguí avanzando. Y cuando aún no me había recuperado del primer golpe, se me acerca una prostituta negra dispuesta a ofrecerme sus servicios. Reproduzco el diálogo que tuvimos mientras yo avanzaba acelerando el paso como si no hubiera un mañana:

Prostituta: Hola, guapo, ¿cómo estás?
Yo: Hombre, algo ocupado, pero bien.
P: Vamos a follar.
Y: Hombre, ahora, así en frío, no. No me apetece.
P: ¿Shupa?
Y: N…No. De verdad, que es que hoy no. Tengo lío.

Y me fui. Crucé la calle, llegué a mi casa y me senté en el sofá a reflexionar sobre lo que acababa de ocurrir. Honestamente, creo que la prostituta no escuchó una sola palabra de lo que le dije. Y en realidad me alegro, porque quedé como un gilipollas. Nunca creí que se pudiera quedar como un gilipollas en una situación así. Suena hasta sucio: “La verdad es que me dejé muy en evidencia delante de esa prostituta”. Lo que sí os juro es que pronunció ‘shupa’, y que hice una pausa de tres segundos antes de contestar negativamente. Lo cierto es que no está nada mal, diecisiete años y mi primera puta. Logro desbloqueado: Aparentar ser chusma. No puedo negar que, muy en el fondo, me lo busqué.

Así como el otro día fui a comprar una Coca-Cola (en realidad todos mis dramas empiezan así) y cogí por error (pues no llevaba gafas) una lata de Cruzcampo y me la vendieron sin ponerme una sola cara rara (luego tuve que pasar la vergüenza de devolverla); o cuando me repartieron un flyer, en Plaza Espanya, de un salón de masajes con final feliz; en ambos casos me di cuenta de que me estoy haciendo viejo, de que la sociedad empieza a tomarme medio en serio, de que los niños me llaman señor y de que oficialmente ya puedo ser confundido con un putero de tres al cuarto. Mi mayoría de edad está cada vez más a la vuelta de la esquina, y no os voy a negar que tengo el ojete encogido.

PD: Y si os lo estáis preguntando, no, por inexplicable que parezca, no me arrepiento de haberme negado a la mamada. Esa mujer rozaría la treintena, por el amor de Dios, no seáis degenerados… Si me hubiera venido una de doce, pues aún.

Artes, hembras e intercambio (innecesario) de fluidos…

 
Como ya os dije hace unas semanas, he cambiado de instituto y estoy cursando el Bachillerato Artístico (el de plástica, que teóricamente es el hetero). Y, después de mi primera semana, puedo decir que el balance de mi experiencia ha sido de lo más positivo. El centro parece bueno e inspira cierta confianza (exceptuando ciertos detalles gays como que, en lugar de sonar el timbre, entre clases pongan a todo volumen la banda sonora deLos Chicos del Coro), en clase los imbéciles (y los canis) brillan por su ausencia (el nivel de mis compañeros es muy alto, y eso se agradece) y mis nuevas asignaturas son, de momento, bastante interesantes (menos Dibujo Técnico o Educación Física, que son algo así como una violación).

Empecemos por lo bueno. En mi clase somos treinta y cinco alumnos. Sólo cinco de ellos, incluyéndome a mí, tenemos pene. Eso significa que hay un total de treinta chicas en clase, y que los tíos tocamos a seis cada una. En otras palabras: Tengo que ser MUY pardillo para no follar este año. Aunque sé perfectamente que terminaré arreglándomelas para no mojar el churro (lo tengo ya muy asumido). Por no hablar directamente de las chicas: la que no es pelirroja, lleva gafitas, y la que no, es gótica. A efectos prácticos, debe de ser algo así como vivir en el paraíso. Es estar rodeado de todos y cada uno de mis fetiches. Es como hacer clase en Motherless.

Las clases, además, son de lo más asequibles (eufemismo de que nos estamos tocando la lomera de los huevos, pero de buen rollo, en plan bohemio) y tranquilas. Los profesores son todos bastante majos (un poco secos, en todo caso) y me siento bastante cómodo en las clases. Aunque siempre hay excepciones: Es imposible no deprimirme en clase de Dibujo Artístico (todos mis compañeros son unos deviantART‘s de mierda, y en cambio mi dibujo no puede ser más jodido porque aún conservo las manos y no padezco de Parkinson); y en Dibujo Técnico, aparte de no aclararme, siempre he tendido a ser un cutre y eso me va a pasar factura. Pero, sin duda, la que se lleva la palma es Educación Física. Sí, sé lo que estáis pensando, os sabéis esta cantinela de memoria: Voy a decir que el profesor es un hijo de puta. Pues sí, lo es, pero esta vez va en serio. Además, se tiene un aire (incluso en la voz) a Esteban Navarro.

Hay que empezar diciendo que tenemos dos clases a la semana, a las ocho de la mañana (lo cual considero un acto de puro sadismo por parte del vikingo que diseñó nuestro horario). Y eso, además de ser una putada gorda, no puede ser sano de ninguna de las maneras. A una clase que hemos hecho (sin contar la de presentación) ya tengo agujetas hasta en el mismísimo ano (y no, esta vez no es por no hacer nada de ejercicio, que llevo todo el verano matándome con la bicicleta estática) y en las siguientes clases ni siquiera podía enfocar bien con la mirada. Puedo asegurar que absolutamente todos mis compañeros salieron bien jodidos de ahí. Como si hubieran sido violados, vía ano, por un rinoceronte ‘o algo’.

Pero eso tuvo una parte positiva, ya que esa clase a primera hora de la mañana propició mi primer intercambio de fluidos con mi compañera de al lado. Entre otras cosas, porque estaba tan jodida por dentro que terminó vomitando sobre la mesa. Salpicándome, eso por descontado. Y lo que podría parecer un golpe de mala suerte, no fue tal. Para empezar, sólo vomitó agua (al menos en un 75%). Y si me preguntan, yo lo considero mi primer ligue del año. Después de todo, he compartido más con ella en apenas treinta segundos que con la mayoría de mis conocidos de toda la vida. Lo único, que lo que desayuné aquel día ya venía digerido.

Por lo que, llegando a una conclusión, tenemos la parte positiva: clases relajadas, ausencia de canis, buen centro, el simple hecho de hacer clase rodeado de auténticas preciosidades. Claro, que si nos ponemos quisquillosos también tiene su parte negativa: música gay a todas horas, sadismo en Educación Física, complejo por dibujar mal en Dibujo Artístico, y el hecho que al estar rodeado de tanta hembra se me terminará sincronizando la regla hasta a mí. Pero vamos a quedarnos sólo con lo bueno. Hagámoslo hoy. Ya tendré tiempo de cagarme en todo (dadme, aproximadamente, dos semanas). De momento, eso sí, estoy de lo más contento.

Por cierto, si os lo estáis preguntando, creo que la chica se había tomado un Cacaolat varias horas antes. Tenía un toque.

Guindilla incívica

 
Septiembre. Volvemos a la carga.

En casa de mis abuelos paternos (donde me toca vivir cada dos semanas), tanto mi habitación como la de mi hermana tienen una ventana que da a un patio interior donde, por lo general, cada día tenemos que escuchar los gritos de nuestros vecinos (me quejaba del tío chungo de mi otra casa, pero los de ésta son si cabe más jodidos). Que, por cierto, se pasan todas las mañanas discutiendo a grito pelado (muy en plan demente). La porculización a la que me someten mientras yo intento dormir es de lo más ejemplar, pero no es el único de los problemas.

Por si fuera poco, también tenemos de vecina a una señora mayor a la que le encanta asomarse a gritarle a cualquiera que ‘baje la tele’. Da igual que sean las dos de la tarde o que ni siquiera hagan ruido, siempre va a estar asomada pegándonos gritos. Ni siquiera es particularmente educada, se limita a pegar voces cada dos por tres (y no se puede decir que yo sea alguien muy ruidoso). Normalmente cerramos la ventana del patio, bajamos la tele o la ignoramos como buenamente podemos. Pero el otro día ocurrió lo peor.

Estaban mi hermana y mi primo pequeño (una guindilla de medio metro, pero más chulo que un ocho y con unos cojones como dos montañas) viendo ‘Los Increíbles’ en su habitación. No es que estuvieran haciendo ruido, ni que la televisión estuviera muy alta, pero sí tenían la ventana abierta. La señora no tardó en asomarse. Yo, directamente, la ignoré y seguí con mis cosas (no estaba para hostias, y menos teniendo en cuenta la hora que era). Mi hermana y mi primo también siguieron a la suya, pero la señora no se callaba, y cada vez resultaba más molesta.

Pero en el momento más inesperado, puedo oír cómo se asoma mi primo a la ventana. Ahora, por favor, imaginad a un crío de cuatro años con los cojones, insisto, más bien puestos que todos vosotros juntos gritándole (eso sí, con una calma pasivo-agresiva y una educación impropias para un niño de su edad, haciendo incluso esfuerzos para vocalizar) esto a la señora:

“Por favor, estamos viendo ‘Los Increíbles’, cállate que no podemos oír la película. Si no, te pegaré una paliza. Por favor.”

A mí se me pusieron de corbata, y la señora no volvió a abrir la boca en todo el día. Yo no supe si regañar al chiquillo o si darle las gracias. Ha pasado una semana, la señora aún no se ha pronunciado. Yo creo que está muerta, ‘o algo’.

Transmisión

 
Fue hace un año. Estaba en el instituto, en mi clase, en pleno examen trimestral de Religión. Normalmente, en ese instituto los exámenes de Religión suelen ser un desfile brutal de chuletas de lo más descaradas (en las mesas, en las manos, en los pañuelos…), de gente hablando en voz alta y chivándose las respuestas… De puterío puro y duro al fin y al cabo.

Yo, como nunca he sido una persona de copiar (de rascarme los cojones, no estudiar y suspender sí, pero de copiar nunca), me quedé atascado en una pregunta en la que tenía que responder el número de un siglo. No recuerdo con claridad de qué iba la cosa, pero sé que tenía que introducir un maldito número, una fecha, un algo. No tenía ni la más remota idea de qué poner ahí, por lo que seguí haciendo el examen sin mayor preocupación y dejé esa pregunta sin responder.

De repente, veo que llega una profesora de refuerzo (normalmente, los exámenes trimestrales suelen supervisarlos dos profesores) y se dirige directamente hacia mí (soy como un jodido imán de la desgracia). Por algún motivo, temía que iba a echarme en cara que no había contestado a esa pregunta (algo que hacen absolutamente todos los profesores del mundo; ¿pero qué cojones os pasa en la cabeza? Vaya, no he respondido, ¿no será que no me sé la respuesta, capullo?). Efectivamente, fue lo primero que hizo nada más echarle un ojo.

Pero algo extraño ocurrió en aquel momento, cuando ella se asomó a mirar el examen de algún compañero mío y me dijo que se trataba de un número de tres cifras. Y cuando estaba convencidísimo de que esa mujer iba a chivarme directamente la respuesta, de que el puterío en las clases de Religión se había extendido hasta ese punto, imaginad cómo se me desencajó la mandíbula cuando me dijo que la cogiera de la mano y me concentrara mucho, que ella iba a intentar transmitírmelo con la mente. Telepáticamente. Rollo puta alienígena o médium jodida muy pasada de vueltas. Muy Ouija todo.

Estuve tentado de sugerirle que cambiara urgentemente de camello, pero tampoco era plan de faltarle al respeto a una superior, y menos en aquel estado, que igual se me rebotaba y me echaba una maldición gitana o vete a saber tú qué cojones. Asumí que se había tragado todas las temporadas deCuarto Milenio y que no salió muy bien parada, así que la cogí de la mano y simplemente esperé a ver si ocurría un milagro y se piraba. Ni siquiera sabía qué demonios contestar. Imaginad que llego a poner algo que no es, y se lo toma como una ofensa; o peor, que acierte y me cague yo por la pata abajo. No escribí nada. Se fue (medio ofendida). No volvimos a hablar del tema.

Honestamente, aún no sé qué intenciones tenía realmente esa profesora. Nunca supe si me estaba vacilando, si se había drogado o si realmente tenía los cojones tan gordos como para creer que podía transmitírmelo. Tampoco se lo pregunté. De hecho, no me siento cómodo hablando de esto, dejémoslo estar.

Lunes Bizarro: Especial Pornobanners (NSFW)

 
Sí, amigos, a mi retorno no podía faltar el ya célebre Lunes Bizarro. Para los no iniciados, se trata de una sección en la que recopilo toda la cantidad de fotos chungas con las que me encuentro (o me envían) por Internet y las subo los lunes junto a un pie de foto explicativo. Lo explico más que nada porque al haberse borrado todas las imágenes del blog antiguo, también se han ido al carajo absolutamente todos los Lunes Bizarro anteriores.

Sin embargo, en esta ocasión vuelvo a la carga con una edición especial temática (y esperad unas cuantas más), mucho más explicativa (y desagradable de lo habitual, voy avisando ya) y basada íntegramente en los banners que te puedes encontrar en las páginas porno. Y en lo jodidos que pueden llegar a ser. Así que, sin más dila(ta)ción, como sé que os gusta la carnaza, vamos al lío propiamente dicho:


La idea de conseguir una novia SÓLO para follar ya es bastante turbia, pero esos pezonacos del tamaño de una txapela son la guinda del pastel.


Este no deja de tener cierto sentido; si te follas a tu hermana, coño, grábalo.

¡BRILLANTE!

Por algún motivo, no dejo de fantasear con la hilarante idea de Mateu muy emocionado al encontrarse este banner y creyendo muy firmemente lo que pone. Además, como muy preocupado, como si tuviera entre manos una información muy delicada y no quisiera compartirla con nadie. No quiere que se corra la voz.

Y, de hecho, también se levanta por las mañanas y te hace una mamada.

La tal Loli no parece una mujer excesivamente sana. Más bien, parece una sucia prostituta de La Jonquera, así que tampoco fardaría mucho si me la tirase.

Me fascina que en una sola imagen estén llamándome pajillero y eyaculador precoz a la vez.

A mí esto siempre me ha intrigado. Para empezar, el hecho de que quieran  interrumpir mi paja para venderme cualquier cosa ya me toca las narices. Si viniesen un par de Testigos de Jehová y llamaran a mi puerta mientras estoy dándole de comer al tucán, me mosquearía muchísimo y los echaría a patadas de mi casa. ¿Por qué tiene que ser diferente con los que idearon este banner? Pero lo que realmente me intriga es lo de ‘Cómo follar sin correrse‘. ¿No se supone que ESE era el objetivo principal? Sé lo que quieren decir, pero está muy mal planteado.

 

Joder, me encontré con este y me pareció brutal. Viene así, sin más, de manera gratuita. Tampoco hace falta explicar nada más.

Creo que “Le pone el desayuno y le hace una mamada” es la mejor frase que he leído en toda mi vida, en CUALQUIER contexto.

 Esta es mi favorita, y os explicaré por qué…

Me encanta la idea de poner la palabra ‘casera‘ al lado de ‘zoofilia‘. No creo que haya dos palabras que encajen menos en una sola frase. Pero el simple hecho de intentar introducir el concepto de lo hogareño en un tema tan jodido como el de la zoofilia me parece, cuanto menos, curioso.

Podrían haber utilizado la palabra ‘amateur‘ o cualquier otra, pero no ‘casera‘. ¿Cómo que ‘casera‘? ¿Qué puede tener de casero chupársela a un caballo? Darle por culo al gato, ser felado por tu perro, practicarle un cunnilinguis a la iguana, ESO puede ser considerado casero, ¡¿Pero a un caballo?! Hombre, si es en plan granja, a lo rústico, a lo padre de Hannah Montana, pues sí, pero no deja de resultar inquietante.

Y aquí terminamos por hoy. La semana que viene habrá una edición normal. Aprovecho para decir que, a partir de hoy, también podéis colaborar al calvario semanal enviándome todas vuestras sugerencias bizarras a:

lunesbizarro@juankiblog.com

No os cortéis, y saturadme el correo de imágenes terroríficas. ¡Traumatizadme, haced que me arrepienta! ¡Interacción, maldita sea!

Un elfo libre

 
[Atención: Post con grandes SPOILERS de las dos últimas películas de Harry Potter, leer bajo vuestra responsabilidad.]

A finales del año del pasado tuve el honor de ver ‘Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 1’ en pantalla grande. Y digo ‘el honor’ por no decir ‘el calvario’. Mentiría si dijera que no me pareció un truño de proporciones bíblicas, un dinosáurico cagarro maloliente creado única y exclusivamente con el propósito de recaudar más dinero y alargarle un poco más la vida a la saga.

Esto último no me molestaría si estuviera justificado argumentalmente, pero ese coñazo de dos horas y media en el que lo más relevante que ocurría era que Ron se ponía celoso otra vez y la trágica muerte de una lechuza y un elfo doméstico (esa es otra, ni siquiera un elfo así de cargo, con cierto caché, no, una puta mascota; ¿qué iban a hacer en la segunda parte? ¿Matar a un hámster?) resultaba de lo más infumable. Sí, es cierto, el libro era así y no había mucho donde rascar, pero eso no hace más que reafirmarme que no era necesario hacer dos películas. En 50 minutos habría resumido todo lo que ocurre en la primera parte (manteniendo la resultona escena del Ministerio de Magia) y luego dejaría la segunda tal cual. Pero claro, entonces no pasábamos por caja una segunda vez.

Pataletas a parte y volviendo al tema de las trágicas muertes de la primera parte, os quiero hablar del personaje de Dobby. En los libros, éste aparecía en ‘La Cámara Secreta’ y luego en las demás entregas seguía teniendo cierto peso como secundario (casi terciario) habitual, nos constaba que seguía existiendo. En las películas no, salió cuando tuvo que salir y luego pasaron tres cojones de él. Marginándole durante cinco putas películas y haciendo como que no existía. ¿Y cuándo lo vuelven a sacar? En la séptima parte, cuando había que matarlo. Eso es de cabrón.

La gente te odia

Y esa sensación de que hicieron la película sólo para reírse un rato, en plan ensayo, a lo: ‘-Oye mira, hay que hacer una peli más, ¿qué metemos?’ ‘-Joder, saca al elfo’. Y yo estoy completamente seguro de que el único propósito que tenía introducir al pobre Dobby en la película (en lugar de, no sé, ignorarle e inventarse alguna que otra excusa argumental, como en las anteriores) era el de reírse un rato. Humillarle. Que toque fondo. Matarlo a sangre fría a modo de alivio cómico de humor negro maquillado con varias capas de melodrama barato. Y encima van a saco, lo sacan en la peli con el único propósito de dirigirle hacia una muerte segura, y es que encima sale de la puta nada (“Oh, Perry, aquí estabas…”, le faltó decir a algún personaje).

Consta además que la película iba a estrenarse en 3D originariamente (algo que se nota un huevo en las escenas de serpientes acercándose a la cámara haciendo como que salen pero al final no, o esos planos tan jodidos de Harry forzando la postura al máximo para que sobresalga el hombro), pero que no les dio tiempo a reconvertirla a última hora (o no les gustó el resultado, o qué séyo) y tuvieron que dejarla en 2D. No puedo evitar imaginarme al guionista y director de la película muy cabreados por no poder proyectar la muerte de Dobby como Dios manda. Tuvieron que conformarse.

Pero es que además la muerte se las trae. El bicho muere de un simple cuchillazo. Y no es que lo apuñalen, no, es que le lanzan el puñal desde bien lejos mientras él está a punto de teletransportarse. Y no sólo aciertan sino que además le dan en el momento justo, antes de que pueda escapar. Al final muere desangrado en una puta playa en brazos de Harry, no sin antes soltar una frase de lo más gilipollesca (supongo que para acentuar el ridículo): “Es un bonito lugar… Para morir con amigos”. Que ya te imaginas a los guionistas partiéndose el culo en una sala, escribiendo esa escena mientras se toman el café con los bizcochos. Y es que no hay muerte más jodidamente humillante en toda la película. Tiene que haber un motivo para tanta crueldad.

Tenía la esperanza de que en la premiere de la ‘Parte 2’  apareciera el director justo antes de la proyección avisando de que antes de la misma, pondrían un pequeño flashback de la muerte de Dobby… en 3D. Y además en un montaje nuevo, muy bien hecho, con la escena a cámara lenta y desde diferentes ángulos (sonando la música de Benny Hill de fondo). Pero me consta que eso no ocurrió. Ni siquiera lo incluyeron en la película, pese a que el primer plano de ésta es uno de la lápida de Dobby en la que pone: “Aquí yace Dobby, un elfo libre”. Encima cachondeo. Joder, si les faltaba haberlo enterrado en la arena y escribir su nombre ahí, rollo enterrar a tu perro en el jardín. O qué coño, ponerle un post-it a la lápida o escribir su nombre con macarrones.

Nadie te ha querido nunca, deja de hacer el imbécil, no des la vida por esta gentuza.

Así que supongo que habrá que esperarse al DVD, donde supongo que habrá algún extra donde sí podremos ver realmente ese montaje. Que será algo rollo escenas eliminadas, como que han probado varias muertes diferentes antes de quedarse con la buena. A saber: en una lo matan con una tostadora, en otra se traga una Minipimer, probaron también tirándole el secador en la bañera, en otra ya se muere él solo por sobredosis de antidepresivos, etc. Honestamente, yo pagaría un dinero de más si me ofrecen ese extra. Y me juego el cuello a que existe realmente algo así.

De hecho lo que me sorprendió es que aun demostrando tanto sadismo contra el personaje en tantas ocasiones, desaprovecharan las grandes posibilidades que tiene un elfo doméstico para ser humillado. Siendo tan asquerosamente serviles, puedes pedirles que hagan de todo. Lo primero que pensamos mis amigos y yo al salir del cine fue que, si le pides a tu elfo que te haga una paja, te la tendrá que hacer por narices. Pero no querrán llegar a ese punto. Los de la Warner son unos cobardes y no quieren cruzar esa línea, y por muy oscuro que salga ahora el logotipo, esto seguirá siendo una peli de niños. Ni siquiera vimos un triste top-less de Luna Lovegood (¡David Yates, dimisión!). Pero tranquilos, que le doy cinco años al remake, aún tenemos otra oportunidad, estos cabrones no van a matar tan rápido a la gallina de los huevos de oro.

Es un bonito lugar… para hacerte una paja.”