Ya he manifestado en otras ocasiones lo poco que comparto la idea de interpretar el verano como una oportunidad para auto-flagelarse durante el periodo vacacional. No digo que algunas personas no se lo pasen bien calcinándose al tomar el sol, mostrando después una insana apariencia langostinil, e incluso hay gente que disfruta saliendo cada día y haciendo esas cosas que no haría normalmente si no estuviera de vacaciones. Ya son varias las personas que me han animado a esto, pero yo ya no sé cómo explicarlo. Cuando terminen las vacaciones no me voy a quedar sin poder salir con mis amigos cuando me apetezca, no me privaré de ir al cine de vez en cuando, voy a poder salir a la calle, y aunque tenga que trabajar (en mi caso, estudiar) voy a poder seguir pasándomelo bien.
En cambio, ¿Voy a poder pasar todos los días de la semana en mi casa? ¿Podré seguir pasándome todo el día estirado en la cama durmiendo? Exacto, no. Teniendo en cuenta este detalle, me parece absurdo que algunas personas se atrevan a decir que estoy desaprovechando el verano y que después me voy a arrepentir de, quién sabe, no haber ido a la playa o de haberme quedado en casa (afirmación estúpida, ya que además de no haber ocurrido nunca en mi caso, me parecería de lo más absurdo ver a una persona lamentándose por haberse tocado los huevos más de la cuenta y sin consecuencia alguna). Pero después de todo, hay gente que sigue sin entender mi forma de pensar y no se da cuenta del daño provocado cada vez que se me obliga a hacer una de esas cosas que normalmente no haría.
Por eso temo cada vez que mi amigo gay me llama por teléfono o me manda un mensaje (generalmente interrumpiendo mi hora de dormir la siesta) preguntándome si quiero quedar con él. Y esa, amigos, es una pregunta con trampa; significa que si accedo voy a tener que seguirle a un montón de sitios (evitaré recordar el día en que me hizo entrar en un Bulevar Rosa y luego nos encontramos a Jordi González por la calle) y que me arrastrará por un montón de callejuelas desconocidas. Todo lo que no he visitado de Barcelona en mis dieciséis años de vida lo estoy visitando ahora, y puedo afirmar que mi vida era mucho más feliz en la ignorancia. Llegar a casa y que me duelan las piernas no es agradable, tampoco lo es el hecho de vagar por las calles muriéndome de sed (y sin tener un puñetero duro con el que comprar una mísera Coca-Cola) y temiendo por las agujetas que tendré al día siguiente.
Y así llevo casi todo el mes de Agosto, desaprovechando el verano saliendo a la calle y caminando sin destino y sin parar durante horas. No importa, al menos no me podrán reprochar nada. Ahora estoy haciendo cosas que normalmente no haré cuando terminen las vacaciones. Aunque digo yo: si son cosas que normalmente no hago... ¡Será por algo, coño!

















Bueno, en realidad sí.