Este post puede herir la sensibilidad de la gente con un mínimo de buen gusto, que quede bien claro de entrada.
A decir verdad, de pequeño siempre fui un niño con bastantes problemas en lo que respecta a controlar el esfínter anal y meato urinario. De hecho, no fue hasta los siete años que dejé de despertar cada mañana con el colchón chorreando de orín. Y es que mi infancia siempre estuvo plagada de problemas de este tipo...
Recuerdo el día que llegué al colegio y teníamos clase de Educación Física. Hay que tener en cuenta que en primaria nos cambiábamos todos en clase y a la vez, yo debía tener unos seis años y ese día mi joven vejiga estaba a puntito de estallar. Estábamos todos cambiándonos cuando me acerqué a la profesora y le pedí amablemente permiso para ir al baño. No me dejó. Sudores fríos recorrían lentamente mi frente mientras yo intentaba desatarme el cordón de los zapatos, a mí de pequeño eso me costaba mucho. No pude soportar la presión. Me mee en clase.
Como comprenderéis, pocas cosas pueden resultar tan humillantes para un niño de primaria que mearse en plena clase, con el consecuente sometimiento a innumerables burlas por parte de mis diminutos compañeros. Al menos la profesora admitió su culpa y me pidió perdón. La perdoné, pero así como no soy rencoroso, sí es cierto que nunca olvido. Pero es que, la verdad no sé cómo me meto siempre en estos berenjenales.
Ese mismo año, Primero de Primaria, mis primeras convivencias. No me gustaba mucho la idea de pasar días fuera de casa y menos rodeado de profesores, monitores y niños que disfrutaban viéndome sufrir. En realidad, me lo estaba pasando bien hasta que llegó la primera noche. Como no podía ser de otra manera, mojé la cama. Menos mal que estaba en la litera de abajo (dijo mi compañero de arriba), pues el goteo hubiera sido bastante cómico a decir verdad. Sin tener en cuenta el hecho de que todos mis compañeros (los cuales se enteraron en cuestión de segundos del fatídico suceso), para variar, se partieron de nuevo el pecho a mi costa, viví una de las peores experiencias de mi vida cuando me duchó mi profesora.
Así es, mi profesora, la que más rabia me daba, me duchó. No sólo me vio desnudo sino que encima me enjabonó. Y encima con la cara de perra rancia que ponía siempre, que no cambiaba de expresión esa mujer en su vida, era como una encarnación de Belcebú en la tierra. Qué mal rollo daba esa mujer. Pues ahora hay que hacerse esa imagen mental y luego imaginársela duchándome. ¿Mal cuerpo, no? Pues cuando se enteraron de eso mis compañeros tuvieron otro motivo para descojonarse. Afortunadamente no volví a tener un problema semejante de incontinencia en la vida. Sin embargo sí que he estado en muchísimas ocasiones al filo de la muerte.
Cómo no, recordar aquella clase en Tercero de Primaria en la cual antes de llegar me había bebido media Coca-Cola de dos litros y con tanto diurético de por medio estaba orinándome vivo y como de costumbre la profesora no me dejó ir al baño. "Haber ido antes", dijo. Son estas las situaciones en las que apetece decir: "Vamos a ver, cacho de perra sucia, si me estuviera meando ANTES hubiera ido ANTES, pero estoy meándome AHORA y precisamente por ello me haría especial ilusión ir AHORA, ¿Lo entiende?". Pero nunca hay narices para decirlo. La autoridad, ya se sabe. Lo divertido es que, para colmo, era una clase de dos horas de Naturales. Fue una clase en la que hablaban de ríos y cascadas constantemente. No sé cómo sobreviví, a decir verdad.
Y eso por no hablar de las ganas de cagar, eso ya es otro tema. No, antes de que os entren las arcadas me honra comunicaros antes de nada que nunca me he ido por la pata abajo en plena clase ni nada por el estilo. Bueno, sí, por el estilo sí. Conforme voy escribiendo este post me parece que me voy dando cuenta de por qué ligo tan poquito, pero a lo mejor sólo son meras conjeturas. Para empezar, no ha habido curso en el que no me entraran brutales retortijones en, por lo menos, una clase al año. Y cuando dijo brutales retortijones me refiero a brutales retortijones. De ver la luz blanca al final del túnel, para que nos entendamos.
Debía ir todavía a Tercero de Primaria cuando un día al salir del colegio, mi madre me vino a buscar y me dejó 50 céntimos para bajar a la tienda de chucherías mientras ella me esperaba en la calle de al lado. Me metí en la tienda, y me dio uno de esos ataques. Lo siguiente que vio mi madre fue al desequilibrado de su hijo corriendo hacia ella gritando "¡Que me cago!" para, justo después, ver cómo se agachó y en plena calle y al lado de un árbol hizo sus necesidades. Se encarga de recordármelo en todas las cenas familiares. Desconsiderada.
Llegó Primero de la ESO. Creí que no volvería a tener problemas de ese tipo. Creí. Pero tuve una pequeña racha en la cual llegaba tarde a todas clases por obvios motivos. Ahora ya sí que no me pasan cosas tan cafres, gracias a Dios. A partir de Segundo ya no tuve tales percances cada dos por tres. Eso sí, de los retortijones de vez en cuando no me libra nadie. Sin embargo, tengo que agradecer el no ser ya tan excesivamente gafe como antes. Espero seguir con esta racha por muchos años más.
15/12/09
Etiquetas: Guarreridas, Vivencias |
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11 comentarios:
Retortijón suena a retorcimiento de torrijas.
jajajajajajajajajajajaja, tranquilo nos ha pasado a todos (mentira) y lo que te duchara la profesora.. pobrecito; espero que alguient e consuele por ello :)
colección de traumas... con lo que molaría que se borraran de la mente, pues no, no se borran, ahí se quedan para perturbarte de por vida... que hdp el cerebro.
Vaya cojones de hacer este post macho...
Lo mismo digo. Weno te digo que yo también "vi la luz al final del túnel" hace un par de años en clase, pero me dejaron porque iba dudando y todo xD.
edit:
dudando no sudando
Madre mía, estás lleno de traumas infantiles, no me extraña que seas como eres xd
Tal vez tu obsesión por las pollas tenga algo que ver con estos episodios urinarios, nunca se sabe...
El final perfecto para este post era "Espero seguir con esta racha por muchos años más. Venga que me voy a cagar"
A mi me pasó una vez hace unos años, me estaba cagando viendo estrellas y no aguantaba más, pedí amablemente a la profesora que si podía ir al baño, me dijo:
-"haber ido antes"-
cuando se disponía a seguir caminando amargadamente por el pasillo de la clase, la cogí del brazo y le dije:
-me estoy cagando-
me dijo, vete, sin cambiar la expresión, salí corriendo, y me crucé con otra profesora que nunca paraba de hablar!!! me dice, -qué te pasa? no vas a clase? estás malita?-
le sonreí por no decirla, me estoy cagando y me incordias ¬¬
La maestra no tendría nombre de flor y virgen en uno solo?
La misma.