¿Qué haría Take That en esta situación?

Exhibicionismo Preteen

16/04/2012

 
Hace poco más de cinco años, más o menos cuando empecé a escribir en este blog, yo era un doceañero de lo más exhibicionista. Ahora conservo parte de ello, pero soy mucho menos propenso a enseñar la chorra como años ha.

Y la verdad es que por aquella época éramos todos bastante iguales. Recuerdo los números que solíamos montar mis compañeros y yo en los vestuarios de mi instituto, una especie de guerra de penes en la que sólo nos faltaba usarlas de sable láser y simular una batalla Jedi. También había gente mucho más tímida y reservada, sí, pero estos eran los que coreaban una y otra vez que les hiciera el numerito de la polla automática.

Pero recuerdo perfectamente lo que me pasó una vez.

Yo estaba haciendo canelo por primera vez delante de mis (relativamente) nuevos compañeros de clase en los vestuarios del instituto (para variar), y recuerdo que acabé haciendo una especie de bailecito que culminó en enseñar la picha y hacer el ventilador. Con lo que no contaba era con que, por aquel entonces, los móviles con cámara ya empezaban a rular entre los chavales de mi edad. Y mi querido amigo Guillem, grabó todo el numerito.

Apenas unas horas después medio colegio me había visto la picha. Cosa que, insisto, no me molestaba ya que normalmente la veían los chicos de mi clase un par de veces por semana; el problema es que cuando Guillem grabó hacía frío, y mi rabo no estaba lo suficientemente decente en ese vídeo como para usarlo de carta de presentación. Mi verga no estaba lista en ese momento para lanzarse al público mainstream. Y me cabreé.

Cuando vino la chica que me acosaba a decirme que la tenía pequeña, se me cayó el mundo encima. Ese fue el detonante. Esto no podía ser. No podía permitirlo. Bajo ningún concepto. Por lo que tuve que pasar a la acción.

Usé la cámara de mi recién comprado Samsung Z230 y grabé una serie de vídeos donde mi sonrojado samurai cíclope adquiría total protagonismo, llevando todo el peso de la trama, revelándose como un actor polifacético que no sólo podía interpretar cualquier papel (normalmente llevando puestas las gafas de mi madre encima) sino que además no necesitaba especialista en las escenas de acción (donde, en esencia, me limitaba a golpear un armario o darle un pollazo a un CD que ponía encima de una lata de Coca-Cola y ver hasta dónde salía disparado) y demostraba un carisma totalmente impropio de un cipote que realmente conectaba con el público.

No hablo yo, hablan los hechos: esos vídeos se convirtieron en un hit instantáneo. Eso sí, no permití que se convirtiera en algo viral, pues nunca salieron de mi móvil y se los enseñaba sólo a un círculo limitado de gente. Preferí que fuera algo pequeño, que quedaran como fenómeno de culto.

Esos vídeos los llegó a ver una compañera de clase con la que no me llevaba especialmente bien. No es que nos cayéramos mal, es que de entrada ella iba a la defensiva y yo intentaba ser de lo más prudente (sí, me vais a creer ahora por los cojones, yo ya he perdido la credibilidad hace cinco párrafos, pero soy consciente de ello). Y lo jodido es que no se los creyó. No la culpo. En el primer vídeo que vio, el asunto no pasaba de percebe anecdótico, pero lo que vio después ya era otra cosa muy diferente. Ahí hablábamos ya de un miembro importante. Ni muy grande ni muy largo, tampoco os quiero engañar, pero por aquel entonces lo suficientemente digno y gordo como para destacar entre los micropenes de mis compañeros de clase (pronto se equilibró la balanza).

La chica estuvo insistiendo durante días y semanas en que le enseñara la picha. No sé si realmente quería comprobar que lo que tenía entre las piernas era lo mismo que lucía alegremente en los vídeos o si en realidad sólo quería mandanga. Realmente llegó a ponerse pesada, y no sólo ella, sus amigas. Llegamos a un punto crítico en el que salía al patio del recreo y me abordaba una muchedumbre de treceañeras ansiosas por que les enseñara el rabo. Eran como unas paparazzi de las pollas. Una vez llegaron a encerrarme en el baño de las chicas: yo acorralado contra la pared del retrete con siete u ocho niñatas dentro forzándome a que me bajara los pantalones. Pero rápidamente llegó nuestro profesor de Educación Física (la única vez en la vida que ese hombre me resultó útil) y nos echó de ahí.

No quiero ni pensar en si hubiera sido al revés, y fuéramos un grupo de tíos acosando a una chica para que nos enseñara el chumino.

Al final yo mismo me acabé picando e intenté mostrarle mis atributos alguna que otra vez a la muchacha, pero volvíamos a las mismas: No había ningún sitio donde tener cierta intimidad, y en la calle hace frío. Pero un día lo conseguí.

Íbamos Mateu y yo por la calle y esa chica nos siguió. Tendría alguna movida con Mateu y estaban hablando de sus cosas. De repente tuve una revelación, un espasmo, un algo. Y conseguí empalmarme muy fuerte. Lo siguiente que hice fue sacarme el miembro en plena calle, reluciente y vigoroso, darle un toquecito en el hombro a la chica, y cuando se giró la conversación fue corta pero intensa:

Ella: ¿Qué quieres?
Yo: Mira abajo.
Ella: ¿Qué?
Yo: Que mires abajo.

Cuando miró abajo, se puso roja como un tomate y salió corriendo despavorida. No volvió a preguntar, no volvió a sacar el tema y, de hecho, no volvió a dirigirme la palabra en su puta vida. No puedo negar que, en cierto modo, lo entiendo. Pero se lo buscó. Se lo buscó fuerte. Eso sí, me dio mucha rabia que, después de todo el espectáculo, ni siquiera se dignase a hacer una review de mi pene. Me habría gustado recibir un poco de feedback, pero bueno, ya os he dicho que era un poco rancia.

Y me gustaría decir que ésta fue la única experiencia del estilo que tuve. Pero no fue así.

Cuando mi verga dejó de captar la atención mediática y el ambiente se calmó ya casi por completo, tuve la desgracia de que me castigaron (supongo que por acumulación de retrasos a primera hora) y me obligaron a ir un miércoles por la tarde al colegio. Normalmente se quedaban los alumnos más conflictivos, distribuidos entre varias aulas en grupos no superiores a tres chavales, donde hacían los deberes del día siguiente o les ponían a estudiar cualquier cosa. Los profesores ni siquiera estaban en dichas aulas, iban haciendo guardia dando vueltas por los pasillos, entrando de vez en cuando para comprobar si nos tocábamos mucho los huevos o no, y frecuentando la máquina de café.

Me dejaron solo en un aula con una compañera de clase que, en realidad, me caía bastante bien y nos habíamos llevado más o menos con normalidad. No éramos amigos pero las pocas veces que nos habíamos relacionado (sobre todo en las convivencias de primaria y cosas así) había buen feeling entre nosotros. A priori no tenía nada que temer.

Hasta que me pidió que le enseñara la polla.

Mientras yo intentaba hacer unos ejercicios de inglés en el workbook, ella insistía una y otra vez en que se la enseñara. Preguntándome por qué no quería hacerlo, intentando picarme diciendo que seguro que no se la enseñaba porque la tenía pequeña, incluso ofreciéndose a desnudarse un poco para ponerme a tono, o tirándome unos kleenex a la cabeza para que me masturbara y así poder enseñársela en todo su esplendor, me ofrecía dinero incluso (aunque me lo daría mañana porque tenía que coger el Metro). Cada vez insistía con más violencia: me insultaba, gritaba, tiraba del pelo, golpeaba el hombro… Pensaba que lo de sentirme violado sería mucho más divertido, pero luego descubrí que no lo es tanto. Bueno, qué coño, en realidad sí.

Al final, no recuerdo por qué, terminé cediendo. Lo único que me frenaba era la posibilidad de que llegara mi profesora en aquel momento, eso habría sido lo realmente jodido.

Me la acabé sacando, aún sentado en la mesa, y cuando me la vio recuerdo perfectamente la expresión de su cara: sus pupilas se dilataron y se mantuvo boquiabierta un par de segundos hasta que exclamó (y os juro que no me estoy tirando al carro para nada):

“¡Qué cacho polla!”

Se pasó, y no exagero, diez minutos alabando a mi falo. Repitiéndome una y otra vez lo grande que la tenía, confesándome que le encantaría tener un novio que la tuviera así (a mí me descartaba, claro, era demasiado margi en aquel momento), incluso se levantó y cogió una regla que había en la estantería sólo para medírmela. Fue una situación violenta y embarazosa, pero tampoco puedo negar que llegué a mi casa con la autoestima tocando techo. Después de todo fue la primera vez que una chica me tocó la viruerga. Para mí fue una victoria clara.

Y después de cinco años no puedo evitar echar la vista atrás y recordar esto con cierta nostalgia, pensar en lo tremendamente enfermo que estaba (aunque bueno, era un niño), reflexionar y darme cuenta de que, en realidad, no he cambiado tanto, sólo que ahora soy más grande y quizá algo más prudente en estos aspectos, pero tampoco demasiado.

Y además ahora la tengo mucho más grande.

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Me quito el sombrero, perra rabilarga. Hacía tiempo que no te leía disertar tan a tu estilo 😉

Lectora rubia

Tal y como anunciabas en Twitter, si, creo que es el post mas escabroso hasta la fecha. Pero me he reido mucho (igual el problema lo tengo yo), sobre todo con lo de las treceañeras acosadoras y la encerrona en el baño.
Hoy te admiro aun mas por ser capaz de airear cosas asi tan sin vergüenza. Desde luego, no parece que hayas cambiado mucho con los años xD

Paso

jajajajajjajajajajjjajajjaja juanki que gracioso este post jajajajajjajajajajjajajaaajajajjajajajajjajjajjajajjajajja
jajajajjajajajajjajajjjajajjajajjajajjajajaajaj ¿Follamos?

Me encanta. Algo guarra pero guay.
Mirad mi blog si quereis vivir experiencias similares (no dudeis en criticarlo):
Perritafaldera.wordpress.com

En realidad este post tiene como única finalidad resarcirte del anterior. Estoy segura. Te lo perdono porque me he reído lo mío.
En el momento en que has dicho que tu pene se mostraba como un actor polifacético en mi mente a empezado a sonar esto: http://www.youtube.com/watch?v=aeR3kr82KGA
Y no me resulta descabellado que lo hayas hecho a propósito. Aunque igual el problema lo tengo yo, que estoy muy enferma.

Aysleen

Me estreno comentándote porque ahora soy juankifan de tu yo de doce años. Aunque me he reído y quedado autista a partes iguales, por favor, dime que lo que he leído es producto de mi imaginación y que nunca sucedió en realidad.

¡QUÉ CACHO POST!
Creo que te quiero. No por tu polla (que también), por el post. No sé, no tengo palabras.
Aunque ya todos sabemos que la tienes enorme, cuando hablaron en Twitter de que “Juan Carlos estaba cazando elefantes” yo pensé que era un eufemismo para decir que te la estabas cascando.
De todas maneras, espero que esto se lo cuentes a tus nietos mientras les enseñas la chorra.
“¿Has mirado abajo?”
“¿Qué hay?”
“MI CARAJO. JAJAJA. No, literalmente. Mira mi polla.”
“Abuelo… Me da asquito…”
“Calla y sácate la tuya, Juan Carlín, vamos a pelear.”
“¿Qué? ¿Quiénes?”
“MI POLLA Y TU PALADAR. JAJAJA. Vuelve a ser literal. Abre la boquita, y ya que estamos aprovecha y depílame los huevos.”
Vale, ya paro.

Ro

Qué cacho poll… Qué cacho entrada.

El rabo no sé si lo tienes muy grande, pero los huevos… los huevos los tienes cuadrados para publicar esto.

Conunas

Y lo peor de todo es que no me sorprende en absoluto.
Y sí, confieso, me he reído bastante.

LA TIA

En dos palabras im presionante. Ya he recuperado a mi sobri favorito.

En realidad no es tan grande.

Bueno, sí.

elMagnate

Dios Juan Carlos, pese a ser tocayo del rey, te pareces más al elefante. Tienes la trompa grande pero no dejas de ser una víctima.

Este post ha sido apoteósico. Solo tú, a cara descubierta, podrías escribir esto.

Y si la sitación hubiese sido al revés, probablemente la madre de la chica os habría denunciado. Porque está claro que tu hubieses sido uno de los acosadores.

Creo que no soy el único que quiere saber cuanto te medía en aquellos tiempos, cuando la chica cogió la regla y te la midió. Estoy seguro de que esa cifra se te quedó grabada a fuego. Yo me la tatuaría, así tienes una buena anécdota para después de un polvo.

¿Has pensado en hacer la serie “Show mi the verga”?.

Hijo de puta… cómo me habría gustado ir a tu colegio.

Alex Moñiz

Que pena haberme ido del colegio de pequeño, seguro que me lo hubiera pasado de muerte con vosotros.. Sigue así tío!

Evey

Enhorabuena, has conseguido que todas tus seguidoras (y seguidores) quieran verte la polla. Yo sólo tengo ganas de que pasen otros cinco años para ver qué bestialidades más actuales nos cuentas.

Guillem

Que sí, que ya, pero enseña la polla.

Visitad mi blog: perritafaldera.wordpress.com
No estoy constantemente hablande de partes intimas pero a algun que otro le puedo poner. 😉

la picha

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