There’s always money in the Banana Stand…

¿Por dónde iba?

25/04/2018

21 de abril de 2018.

11:35 de la mañana.

Mateu y yo nos citamos en la plaza donde se encuentra nuestro antiguo instituto. Pronto se nos uniría también nuestra querida amiga Paula. No es que a ninguno de los tres nos apeteciera acudir especialmente a aquella reunión de ex-alumnos, pero en cuanto leímos —unos días antes— la noticia en diversos medios de comunicación de que uno de los profesores del centro había sido apartado por presuntos abusos sexuales, las ganas de ir a ver el mundo arder se nos dispararon así como de repente. Nunca es mala ocasión para ser una persona horrible.

Pero más allá del morbo, y aunque quizá no quisiéramos admitirlo, es posible que sí nos hiciera un poco de gracia reencontrarnos con viejas caras conocidas. Las de nuestros compañeros, sí, pero también las de los pobres docentes a quienes amargamos la vida hace unos pocos años. Tampoco estaría del todo mal revivir ciertos recuerdos tragicómicos, obscenos y esencialmente patéticos que tuvieron lugar entre las paredes de aquel recinto. Y, ¿por qué no? Coronar el mediodía disfrutando de una deliciosa paella.

Bueno, no.

Ahí no puedo pluralizar. Sólo yo manifesté interés en aquella paella.

Con varias semanas de antelación, en el evento de Facebook que el community manager del instituto creó para la ocasión, subieron un formulario en Google Docs para que quien quisiera pudiera apuntarse a comer paella ese día. Quince euros. Picoteo, paella, vino y postre. Una oferta que a mí me pareció tentadora, pero ninguno de mis acompañantes compartía mi opinión. Es más, estoy casi seguro de que fui el único de mi promoción que puso su nombre en el formulario. Temía ser también el único que se apuntase en general, viéndose los organizadores obligados a tirar de Paellador y dejar que me lo comiera en un taburete apartado en una esquina. No ocurrió. Pero casi.

Al llegar, fuimos recibidos por la directora. Me atrevería a decir que nunca antes se había alegrado tanto de vernos. Puede que no nos reconociese del todo. El que sí nos recordaba perfectamente era nuestro ex-profesor de Educación Visual y Plástica, con quien compartíamos bastante afinidad en aquellos tiempos. Nos preguntó a todos nosotros qué había sido de nuestras vidas. Mateu respondió. Paula respondió. Para cuando me tocó responder a mí, pude oír cómo las risas de aquel señor me precedían. No sé por qué me sorprendo de la poca fe que tiene la gente en mí.

 

—Perdón, es que contigo ya me entra la risa antes de tiempo.
—No te preocupes, es normal —respondí resignado.
—Bueno, luego comiendo hablamos, que ya he visto que te has apuntado a la paella.

 

12:00.

Nos adentramos de nuevo en esos pasillos, observando cómo habían adquirido un cariz propio de una película de terror. Vimos cámaras de seguridad que antes no estaban y nos preguntamos si las habrían puesto esa misma semana por lo del profe pedófilo. No sé si ayudó mucho el volver a pasar por aquellos recovecos en los que mis compañeros de Primaria me hacían bullying, los baños mixtos donde tuve algunos escarceos libidinosos, las esquinas donde me castigaban por ser un fracaso académico con patas, el patio de recreo donde recibí alguna que otra hostia y más de un escupitajo, el aula donde me oriné encima o la máquina de cafés frente a la cual vomité.

Lo que estoy seguro que no hizo mucho por levantar mi moral fue volver a ver mi orla de 4º de la ESO. No sólo por recordar que no hace tanto mi cabeza lucía una esplendorosa cabellera, sino porque justo al lado de la orla estaba mi otra orla de 4º de la ESO. Supongo que aquel curso me gustó tanto que no pude evitar repetirlo. Había, eso sí, algo de poesía en ver las dos orlas juntas. Sobre todo porque mis dos fotografías parecían estar mirando la una a la otra y estoy casi seguro de que para sacarme la de la izquierda fui recién duchado y para la de la derecha no.

Dimos una vuelta más por el patio y nos deleitamos con el torneo de baloncesto formado por las cuatro personas —literalmente— que tuvieron el valor de inscribirse. Lo cierto es que la afluencia de gente no era precisamente la esperada para un evento de estas características. Se respiraba algo de pochez en el ambiente. Faltaban alumnos. Faltaban profesores. Faltaban participantes en el torneo de baloncesto. Pero la gente que vino se llevó su buena dosis de sorpresa y emoción. Al verme la cara, al menos.

Cuando se nos acercó nuestra tutora de Primaria nos dimos cuenta de que no me reconoció. Al decirle mi nombre pude ver cómo se le descomponía la mirada y se le salía el corazón por la boca.

 

—Pero los ojos los tienes igual —me dijo.

 

Nos ha jodido.

 

13:00.

Mientras todos los asistentes nos juntamos en el patio para hacernos una foto de grupo, traté de calcular mentalmente cuántas de las personas con las que me había cruzado aquel día me habían borrado de Facebook. Al rato, me topé con una compañera de mi segundo 4º a la que tenía en mucha estima pero con quien hacía siglos que no hablaba. También la reconocí de milagro. Había crecido, desde luego. Tuve que decírselo.

 

—Has crecido.
—Me lo dicen mucho, sí.
—¿Qué tal todo?
—Muy bien, muy bien. Aquí, con lo mío. ¿Y tú?
—Pues un poco menos con lo mío de lo que me gustaría. Pero intentándolo.
—¿Sigues con lo del Juankiblog ese?
—Lo tenía un poco abandonado, pero ahora lo he vuelto a relanzar.
—Ah, pues ya lo miraré.

 

Le dije que hacía ya unos dos años desde que publiqué mi último post, pero que me acababa de dejar un dinero en que los majísimos señores de Code me hicieran un rediseño de la web. También le pedí a MikeWaz unas cabeceras con logotipos nuevos que le quedaron la mar de apañadas. La intención por mi parte es la de volver con las energías renovadas, pero tampoco quiero que nadie se lleve a equívocos o se haga falsas ilusiones: soy el típico hijo de puta que se compra unas deportivas en el Decathlon para salir a correr cada día y que después de usarlas una sola vez las deja criando polvo en el fondo de un armario hasta que se pudran. Pues con esto me puede pasar lo mismo.

Además, algunos de mis lectores se preguntarán por qué he estado tanto tiempo sin escribir. Aunque a muchos seguramente les sude la polla y la mayoría de los que lleguen a este blog ya ni me conocerán. Por si acaso: hola, soy Juan Carlos. No os preocupéis, esto es como la última peli de Saw, es un soft-reboot y no hace falta leerse los 1300 posts anteriores para entender los nuevos. Esto millennial-friendly total.

Claro, que yo empecé con este sitio a modo de diario personal para soltar sin filtro alguno un sinfín de vómitos de dudosa ideología, anécdotas sexuales incómodas, muchísima perversión y sin duda un material de fábula para quien quiera arruinar mi carrera cuando me haga famoso sacando a la luz los textos que escribí con doce años.

 

—¿Y por qué dejaste de publicar?

 

En parte, por vagancia. También por falta de tiempo, una vida personal tortuosa, mi trabajo, lo de las críticas de cine, muchos proyectos secretos que por desgracia quizá nunca se materialicen y, en general, un terror absoluto ante la idea de que mis textos sean malinterpretados, tomados al 100% en serio o usados para hacer daño a gente que no se lo merezca. Me autoimpuse un filtro absurdo que hoy decido volver a quitarme, entre otras cosas porque estoy seguro de que ya no me va a leer casi nadie. Ni siquiera mi madre.

Es más, mi madre está enfadadísima conmigo y no deja de recriminarme que, cito textualmente: «hayas estado perdiendo el tiempo con la mierda ésta del blog que no te ha servido para nada cuando podrías haberte hecho youtuber como el Auronplay y ser millonario».

 

—Vaya, lo siento. ¿Y qué ha sido de tu vida?

 

Ahí le conté que sigo siendo una persona más o menos igual de miserable que antes. Que me compré un iPhone X sólo para seguir jugando a Pokémon GO cuando ya no estaba de moda, que viajé a Zaragoza sin motivo aparente (aunque me dio para la mejor colección de fotos que he tomado en mi vida), que me invitaron al Salón del Cine y las Series de Barcelona, que he hecho monólogos en sótanos con la buena gente de Ajajojejo, que creé la web Crítico Crónico para abandonarla poco después (aunque siga pagando el dominio ya que soy subnormal) y que me hice una cuenta en Vero porque me respeto muy poco a mí mismo.

 

—Bueno, Juan Carlos, no hacía falta que me contaras todo esto…
—Cierra la boca, ¡eres un recurso narrativo!
—¿Un qué?
—Cuando tu yo de la vida real lea esto le va a explotar la puta cabeza.

 

14:00.

Hora de comer.

Después de suplicarle a mis amigos que se quedaran conmigo a la hora de comer —incluso cayendo tan bajo como para ofrecerme a pagar la paella de Mateu para no acabar jalando yo a solas—, conseguí que por lo menos se sentasen en mi mesa aunque no probasen bocado alguno. Nuestro ex-profesor de plástica se sentó a mí lado, como prometió previamente, y pudimos contarnos nuestras vidas mientras nos jactábamos de haber pagado quince euros por una paella que la verdad es que era pura ambrosía con arroz.

Aquella mañana hubo decepción, terror y vergüenza a partes iguales. Pero lo cierto es que no fue el puto desastre que podría haber sido. Y no lo fue porque, una vez más, gente que es mucho más guay que yo optó por hacerme compañía cuando más lo necesitaba. Todavía no sé, después de todos estos años, si les caigo bien de verdad o si sólo les doy mucha lástima y les da cosica dejarme solo. En cualquier caso, ahí estuvieron para salvar el día.

En el fondo, no habían cambiado tanto las cosas.

¿No?

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Mh… gimme more.

La fan #1

Como siempre un post brillante. Espero que vuelvas con fuerza, tus fans te hemos echado de menos.

Agus

¡Ha vuelto! ¡En forma de chapa!

Debi

The king is back!!!!

gracias por volver y porque ahora por fin se sabe qué son los papeles de la paella

lLa Tia

Ya era hora…….

Nombre

Eres un despropósito, pero echaba de menos al actor secundario Mateu y las referencias a Saw.

Me he reido, pero me esperaba que el de los “presuntos abusos sexuales” fueras tu. Menuda decepción en ese aspecto.

Di la verdad… solo fuiste por la paella… zorro, que eres un zorro del cancaneo…

elMagnate

Solo paso para decirte que ya no uso este nick. Y los de “Code” se han flipao un poco pensando que te haría falta un captcha. Con sensibilidad a mayúsculas los muy hijosdeputa.

Laputadelacabra

por fin! espero que esto sea un come back en toda regla.

S_Luis

Encontrarse un post nuevo aquí es como volver a tener dieciséis años. GRACIAS.

P.D.: vaya mierda de captcha.

Vaya, ya echaba de menos…

Que me chuparas la polla.

[…] ironía es que el único momento en el que esperaba una reacción de estas características era en la reunión de ex-alumnos que se celebró hace unos meses en mi instituto. Porque está claro que a estos eventos uno va para molar y demostrar que ha dejado de ser el […]

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